Corazones de piedra


“Sólo debes escuchar tu corazón antes de que intervenga la cabeza con sus prejuicios y falsedades“, decía recientemente Facundo Cabral en el blog de Trinity. Hermosas palabras. Pero… ¿qué hacer cuando sientes que a tu alrededor todo son corazones de piedra, incluído el tuyo propio? ¿Qué sucede cuando ese motorcito parece haberse endurecido como un bizcocho horneado más de la cuenta, y lo único que le escuchas decir es un “¡ay!” lastimero? ¿O cuando, como me decía hace poco Bertha, por mucha meditación y conexión contig@ mism@, no te escuchas ni de lejos la revelación que esperas?

En esos momentos, en los que los encontronazos, las preocupaciones, el desamor y el miedo se hacen nido en nuestro más valioso músculo, el cuerpo se zombifica, la mente se paraliza, y todo a nuestro alrededor pierde el sentido, porque nuestra brújula interior ha dejado de funcionar. Lamento reconocerlo, pero así es como me he sentido desde hace unos días: con el corazón de piedra.

Porque a veces, en nuestra cotidiana búsqueda de respuestas, la soledad es tan grande que te paraliza de los pies a la cabeza, te densifica, te hace más material y físic@ que nunca, y dudas si realmente existirán dimensiones y realidades más livianas y luminosas que esta cárcel de sentimientos maltratados, de deudas mal gestionadas, de obligaciones mal valoradas… Dudas hasta de tus prioridades y de tu cordura. Todo se vuelve un barrizal de miserias, un pantano en el que se hunden tus pies sin poder vislumbrar horizonte alguno, sin una mano amiga, ni tan siquiera una rama de árbol a la que aferrarte para seguir a flote.

Hasta que, de repente, un chispazo, una energía que no sabías dónde la tenías guardada, te aligera de nuevo el corazón y recompone las conexiones deterioradas entre cada parte del todo que eres, inseparable así mismo del TODO que te rodea y que impregna hasta los espacios vacíos entre tus electrones. Cada un@ sabe, a su manera, de la magia que activa esta reparación natural. En mi caso, sólo lo consigo cuando salgo al encuentro de la naturaleza.

Ayer por la tarde lo conseguí. Logré salir del pozo al que me había tirado de cabeza voluntariamente, y en el que me parecía poder quedarme a malvivir definitivamente. Salí a pasear con mi perrita Shiva por los alrededores de casa, con las manos en los bolsillos, la cabeza baja y sin un mal paraguas, a pesar de que las nubes, de un gris plomizo, amenazaban lluvia. No me importó. Siempre me ha parecido un extraño placer sentir la lluvia sobre mi pelo, y casi necesitaba ese contacto, como el de una mano tierna y amistosa.

El paseo se inició lento y melancólico, como el apagado atardecer blanquecino que apenas iluminaba la escena a mi izquierda. No lo busqué conscientemente como solución a nada, fue más bien un desahogo, un querer huir de la tensión que se mascaba bajo techo, con la excusa de pasear a la perra. No lo busqué, no, pero algo me atrajo hacia allí, y no hacia otrolugar, y viví una de esas mágicas “confluencias cósmicas” que me hizo bajar la vista en el momento adecuado… y allí estaba: un precioso corazón de piedra de color cremoso, pequeño, de contornos suaves y pulidos, mandándome señales claras de una amorosa inteligencia superior.

Los atesoro hace mucho tiempo. Recuerdo perfectamente cuando encontré el primero. Fue hace unos veinticinco años, estando de vacaciones en casa de unos amigos, en un pueblecito de León, paseando por unos montecillos cercanos (Varín andaba por allí, y todos sus hermanos). Recuerdo la sensación de sorpresa, euforia y agradecimiento que me embargó. Porque es la misma que he vuelto a sentir todas y cada una de las veces que me he topado con alguno por esos caminos del mundo.

Siempre sentí que esas caprichosas formas eran algo más que el resultado de una erosión lenta y fortuita, y me encantaba pensar había ahí algo más, un mensaje oculto, una complicidad entre la Madre Tierra, los elementos y esta humana soñadora que los recibía como un guiño de la naturaleza, casi siempre en momentos bajos en los que necesitaba ese tipo de señales.

Nunca he dejado de sentirme afortunada en ese sentido.

Había empezado el paseo con el ánimo tan nublado como el cielo que cubría la ciudad, y pensamientos oscuros se adueñaban de mi mente, mientras Shiva, con su trotecillo elástico, correteaba por delante de mí y se paraba cada poco para ver si la seguía. Pero la visión de ese regalo inesperado obró una magia maravillosa, el hechizo de la sincronía, el embrujo del universo equilibrando su flujo: nada más recogerlo y acariciarlo entre mis dedos, el sol se asomó de súbito, abriéndose paso entre los espesos nubarrones de color gris violáceo, e iluminó toda la escena con una extraña luz. Y, en medio de ese atardecer blanco y deslumbrante, sentí que había algo en esa luz que hablaba directamente al núcleo de mis células, y que se concentraba en algún lugar de mi corazón, ablandándolo por completo. Un lenguaje cifrado, envuelto primorosamente en diminutos paquetitos cuánticos con lazo y todo, repletos de fotones con información tranquilizadora, llena de esperanza y alegría.

Y entonces comprendí eso de “no estamos deprimidos, estamos distraidos”. Cuando nos reconcentramos en nuestras miserias, en realidad estamos alejándonos de nosotros mismos, distrayéndonos de lo importante, escuchando sólo el ruido del aguacero de amenazas que llueven sobre nuestras cabezas, sin prestar atención a la suave melodía de fondo de la creación.

Cuando encontré ese corazón de cuarzo y percibí su belleza inesperada, sentí de nuevo la conexión atenta y consciente entre yo y mi madre Tierra. Me estaba diciendo claramente que no estoy sola, que toda esta sensación de descolocamiento y pérdida en el fondo no es más que eso, una sensación que, igual que viene, se va.

Sentí un amor blando, suave y luminoso como el sol que, de repente, se abría camino entre lo oscuro del atardecer, bañando toda la escena con una luz amarillenta y deliciosa. Los campos a mi alrededor, que no son gran cosa, me parecieron, de pronto, un pequeño paraíso, reviltalizados bajo esa luz fantástica que parecía venir de más allá del sol, del otro lado de la galaxia. El senderín, apenas esbozado, bordeaba un arroyo que casi todo el año está seco, pero ahora la corriente canturreaba con alegría y daba refugio a patos y avecillas en su ribera, tapizada de junquillos y carrizos. Una pareja de ánades reales alzó el vuelo a mi paso por un recodo. La zona, de repente, me traspasó con su inesperada y simple belleza. ¿Qué tendrá la luz, que lo cambia todo?

Seguí caminando, esta vez con paso más alegre, entre espigas tiernas y espartos floridos, y el sol proyectaba sombras alargadas entre las matas. Una veintena de vencejos o aviones (no me parecieron golondrinas) sobrevolaban el cauce en busca de insectos. Planeaban a mi alrededor a ras de suelo, casi rozándome la cabeza, descarados y raudos como flechas, y me sentí como si bailara entre ellos la danza de la naturaleza, el baile eterno de la vida que se renueva, celebrando el milagro de la primavera. Parecían mirarme de soslayo al pasar, casi adivinaba sus sonrisas… Y envuelta en esa efervescencia de vida y luz, de olores y sonidos, rodeada de seres milagrosos y de nubes gris violáceas altas como muros y densas como la vida misma, me llegó alto y claro un mensaje: que no estamos solos, que en la naturaleza existen fuerzas que no podemos percibir, pero que nos arropan y nos acompañan allá donde vayamos, por más solos y perdidos que nos encontremos.

Y en ese momento, todo pesimismo o pensamiento depresivo se esfumó de mi corazón y de mi mente. La luz de esa revelación llegó hasta la última de mis células y activó en ellas mecanismos que no controlo, pero que me reforzaron de manera insospechada. Estimuló en mí un conocimiento que no se puede expresar con palabras humanas, la seguridad de que las cosas no son de ninguna manera, sino como las percibimos nosotr@s, y de que hay que seguir adelante, pasito a pasito, tratando de que nuestras percepciones sean lo más positivas posible.

Por eso, aunque nos movamos en terrenos cenagosos, debemos mantenernos aferrados a nuestro propio corazón, al centro de las intuiciones y, sobre todo, del Amor. Porque el momento por el que estamos atravesando no es fácil, y estamos rodeados de una inmensa cantidad de desinformación. El mundo se tambalea a nuestro alrededor, y a veces eso repercute en nuestras relaciones, en el día a día, en nuestros sueños de futuro. pero a pesar del tremendo desmoronamiento que nos rodea, debemos mantenernos a flote. Nuestra fuerza radica en la unión de consciencias,  en el compartir y asistirnos un@s a otr@s cuando desfallezcamos.  Debemos seguir contribuyendo a la construcción de “lo que se avecina” poniendo nuestro granito de arena. Y cada cual debe hacerlo como pueda y lo mejor que sepa, dando con amor, disfrutando al hacer las cosas, ya sea escribir un blog, asistir a manifestaciones, cultivar un huerto o tratar de mantener el optimismo en una familia que se deshace.

Debemos estar preparad@s, pues no nos lo van a poner fácil. Probablemente nos toque ver cosas que no nos gustarán, y much@s, muchísim@s, se quedarán por el camino. No creo que nos vayamos a transmutar en seres de luz ni a ascender a una nueva dimensión el día 21 de diciembre. No sé lo que nos tocará ver… pero sí sé que l@s protagonistas somos nosotr@s, y que aunque el camino sea largo y los tropezones muchos, tenemos que seguir levantándonos y caminar hacia otro mundo. Porque este ya no funciona. Si queremos sobrevivir como raza humana, no tenemos más alternativa que volver los ojos a la naturaleza y buscar el nexo con ella que perdimos hace tanto tiempo. Y agradecer sus regalos, que son muchos.

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Acerca de rivendelian

Estudié Filología Hispánica, he sido recepcionista, administrativo, jardinera, educadora ambiental, ilustradora, pintora, escritora, auxiliar veterinaria, madre, maestra, psicóloga, enfermera, limpiadora, cocinera, panchadora, taxista, experta en autismo y mil cosas más... Pero nada de esto me define. Soy poco sociable, pero comunicativa; pachona, pero curiosa; rebelde, pero cariñosa. Mis raíces están en Gredos, pero me siento asturiana de adopción. Adoro a los animales, me encanta la astronomía y mi lugar favorito es un bosque viejo (preferiblemente de hayas o robles). Sonrío cuando camino entre guijarros, cuando escucho cantar a mis hijas, cuando meto los pies en una corriente fresca, cuando pinto, cuando me reencuentro con amigos lejanos, cuando sueño... Prefiero el té al café, no como carne, me encantan el piano y el arpa, pasear bajo la lluvia, el olor de las mandarinas y la hierbabuena, y meterme castañas asadas en los bolsillos en invierno. Me siento observadora del mundo, y en él busco cosas que los demás ni saben que existen. Soy una que anhela SER, más allá de todas las características que me "adornen" en esta experiencia de vida.
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5 respuestas a Corazones de piedra

  1. ana dijo:

    Las señales, atiende a las Señales Riven. Hubo temporadas cuando me encontraba piedras con forma de corazón. Ay, sí, son como declaraciones de Amor. Últimamente vuelvo a ver algunas, y hasta caras sonrientes en las piedras.
    Un beso y sigue palante, porque el sol ya ves, hastra ahi en tus límites-nido viene a brillar con fuerza y te bendice con pajarillos y formas de mil especies.
    No tengo tiempo de leerme ahora todos tus “tochos”, un beso abrazo por eso y porque seguimos en el camino.

  2. lalunagatuna dijo:

    No tengo miedo hermanita, nuestro destino está marcado pero la naturaleza y Gaia aman a los que las aman y respetan, les servimos, digamos, de escudo.
    Abrazos hermanita wapa.

  3. Anele dijo:

    Comparto contigo esa sensación de que la luz todo lo bendice, y es capaz de sacarnos del más oscuro de los rincones donde nos hayamos metido…y es esa luz, inesperada, desapercibida para la mayoría, un haz que se cuela y se posa sobre los ladrillos de mi terraza, o sobre la esquina de una pared del salón… o sobre la hierba de un parque abandonado, o sobre el parquet, o sólo esa insinuación de rayitas de persiana. Es un brillo especial que nos llama, que nos atrae a sí para recordarnos precisamente que somos luz. Mi hija y yo la llamamos “la luz bonita” y cuando nos apercibimos de su llegada en algún rincón, nos avisamos mutuamente, paramos lo que estemos haciendo y por un momento nos “alimentamos” de ella, la respiramos…
    Esta primavera el canto de los pájaros, sus charlas y piares también me está “tocando” más que de costumbre. Siempre me han emocionado las golondrinas en su llegada con la primavera (aunque muchas veces coincidía con los exámenes finales), o el grito de las gaviotas en las cercanías del mar.
    Pero este año, este año, me hablan, me llegan dentro, como si dijeran cosas muy cerquita…un gorrión por aquí, un hurraca por allá… y que conste que me ocurre en la ciudad, vamos que no tengo mucha oportunidad de salir al campo…Es como si la naturaleza estuviera brillando más que de costumbre, que el verde parece vibrar de otra forma y que la primavera tiene otro sabor pese a los grises de toda procedencia…o será, como tú dices, Riven, que nuestro corazón va dejando de ser de piedra. Esas “señales” son las miguitas de Pulgarcito que nos llevan de vuelta a casa, ¡seguro!
    Mil besos y, por favor, ¡sigue compartiendo!

  4. varín dijo:

    Un fuerte Abrazo de Corazón, Hermanita,,

    ¿ qué podría contarte que no haya esbozado ya ?

    Sabes que comprendo, porque… [lo] vivo, aunque he de añadir que ojalá fuera una persona con un tercio de tu honradez, decencia y paciencia.

    Para mí, últimamente “el quid” podría estar, al menos en parte, en saber suavizar la montaña rusa en la que vamos montad@s últimamente.
    El otro día le devolvía un libro a Isra, y le decía, para su sorpresa, que lo hacía así, sin haberlo leído en su totalidad, porque no podía asegurar que cualquier día no me echara a caminar sin más ( explicándole ante su extrañeza y posible creencia de que hablara en metáfora , que dado que no tenía ingresos propios, ni techo si dejaba el que me acoje, que eso era lo que me quedaba,, aunque para nada me sentía por ello disminuído ni apesadumbrado,, era una de las opciones, dado que las otras que se me ocurren en los casos en que me lo planteo son tergiversaciones y aprovechamientos indebidos ( ejemplo: sentarme en huelga de hambre delante de la moncloa hasta que cambien la constitución, aboliendo por ejemplo la monarquía, dejándola al servicio de las personas ( tod@s, no unos cuantos ), etc ).
    Mientras sigo intentando suavizar la montaña rusa, tratando de identificar mi egoismo y transformarlo, tratando de amar más allá de mis prejuicios.

    [ respecto al 2012, después de leer los marcos temporales con los que cuentan los personajes del libro Autobiografía de un yogui, más otras lecturas recientes y pasadas, me reafirmo en que no hay nada de espectacular que esperar para ninguna fecha próxima; el cambio, o más exactamente la evolución propia de nuestra posición, lo haremos individualmente, sin menoscabo de que si somos muchos se reflejará claramente en el mundo que habitamos en carne y hueso, y de que nuestro hogar, planeta, pachamama, esté transitando por una zona especial dentro de su periplo cósmico ( pero esa zona abarca un viaje de un par de miles de años, grosso modo ), cosa que hace habitualmente cada cierto tiempo.

    Por otro lado, o bajo otra perspectiva, parece que un cierto número de espíritus encarnados aquí y ahora, estamos próximos o con cercana posibilidad a dar un salto en nuestra evolución, a pasar de un curso a otro, con todo lo que ello conlleva, lo cual sería bueno apreciar interna y honestamente cada quién, tratando así de valorarlo y posicionarnos, haciendo con todo nuestro ser lo que buenamente nos surga en esa dirección que queramos llevar; no es bueno ni malo, mejor ni peor que decidamos pasar de curso o que nos parezca necesario repetir éste, o alargarlo hasta septiembre, lo bueno sería darnos cuenta de qué deseamos al respecto y alinear nuestra acción e intención con ese deseo.

    Es conveniente a mi parecer, tratar de ser honestos con nuestras miras sin tergiversarlas, ser conscientes de que no podemos andar por otra persona ni mover sus pies, y que acaso sería bueno ser consciente de cómo movemos los nuestros, si en círculo, si casi parados, si remoloneando, o queriendo hoy esto, mañana aquello, o queriendo esto pero también aquello ( muy habitual en mí, por ejemplo ), etc.. ( no sé si me explico ).

    Bueno es valorar todo nuestro entorno sin culpabilizar, reconociendo, acaso el Inmenso Amor que se posa en nosotros a cada instante, a pesar de nuestra tozudez y ceguera ( autoimpuesta, la mayor parte y lás más de las veces ), dado que en mi parecer, pensar de otro modo es no haber visto más que algún hilo del inmenso tapiz en el que bailamos y brillamos.
    Bueno es saber que además de lo dicho, una posible característica de nuestra posición actual, implica un equipaje de lo más incómodo ( pero que llevamos porque se da en esta posición, y estamos en ella porque aún no hemos aprendido a dejar atrás ese equipaje ), que conlleva unos altibajos emocionales tremendos, unos deseos ego-istas propios de nuestro vestido ( corporal y mental ) absolútamente lamentables desde nuestra ( también ) perspectiva más elevada, que nos cuesta usar de guía ( mediante intuición, sentir profundo y desapegado, y una especie de trascendencia se me ocurre decir ), pero que están ahí y conviene no negarlo, sino comprenderlo y transformarlo e integrarlo, para poder estar más serenos y menos en subeybaja de montaña rusa.

    Bueno es reconocer que ademas de las palabras, que vienen bien para ubicarnos y explicarlo y compartirlo, están los hechos, las condiciones que nos encontramos, que vienen a ser, unidas, lo que nos sirve de autoexamen ( no en un sentido punitivo ) para conocer dónde estamos, cómo estamos, por dónde cojeamos, en qué podemos poner nuestra atención e intención para ir avanzando y aprendiendo con el avance.

    Bueno es saber que no deberíamos de autoflagelarnos, de autoculpabilizarnos maliciosamente, que deberíamos de respetarnos en nuestra totalidad, aceptando los claros y los oscuros, amándonos y tratando de amarnos aún más, y poco a poco hacer extensible a los demás ( en la medida de nuestros avances y posibilidades ) ese mismo amor, sin autocastigarnos ni autocondenarnos por nuestros más o menos constantes tropiezos ( procurando fijarnos ya de una vez en esos tropezones habituales con el mismo tipo de piedra o en el emismo tipo de recodo ), o bajezas de un tipo u otro que de momento tenemos el disgusto de vivir en carne y ( ahora sí, y no vale engañarnos ) consciencia propias.

    Es como lo veo actualmente ]

    Abrazos

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