De la memoria al aire


En el Principio

Antes de la televisión y la corbata

fue el campesino, el hombre mayestático.

Antes del automóvil y del vértigo,

antes del artificio y la arrogancia,

la claridad de la existencia cíclica.

Antes de las luces que hienden en las noches

y abren agujeros por donde el alma

de la oscuridad se vacía de sí,

fue el candil, su parpadeo trémulo:

al amor de su pábilo humeante

los hombres aprendieron el idioma del fuego

(la cocina en penumbra fue la cueva:

las paredes, las sombras, parecían

cavidades y órganos de cuerpos.

Parpadeante, la luz configuraba

sombras semejantes a sueños),

y el hombre conversaba con el barro.

Antes del reloj, el lucero del alba

fue de la creación el recomienzo.

Antes del pinar fue la retama,

y antes de la retama fue el centeno.

Antes del futuro permanente,

el presente oponía su estatura

al sol que se movía, y la sombra

que proyectaba era el invierno,

el verano: las claras estaciones.

Antes que el pan rodara por el suelo

despreciado por hombres y por canes,

sin el respeto trémulo del hambre,

reinaba el perifollo y la acedera,

las pajaritas tiernas de la zarza,

las moras, las ciruelas, las manzanas…

Antes de que el motor contradijese

al hombre como medida de las cosas

-acercando el espacio,

acelerando el tiempo-,

las yuntas de nobleza muscular,

uncidas a los carros y al coraje,

hacían del esfuerzo un monumento,

honradísimo y bello.

Antes de que “cualquiera”

-ese pronombre gris-

se alzara contra el nombre y lo negara,

no tres, sino infinitas veces,

infundiendo virtud en lo mediocre,

desordenando el mundo, confundiendo

las claves del idioma común

que hablaban hombre y tierra desde antiguo.

Antes que ese pronombre fue la arteria

del hombre, que irrigaba de su fulgor

los trabajos, el amor, los sentidos,

el trueno, el relámpago…, la vida.

El hombre no sujeto a su género.

El hombre encarnadura de la hombría.

No cualquier hombre, no.

No “cualquiera”.

La antorcha del valor era empuñada

por los ilustres, por los vencedores,

por los que demostraban semejanza

con la casta del héroe seminal.

¿Dónde estaba entonces? ¿Dónde estuve?

La palabra que ahora moja mis labios

era tierna, el horizonte era tierra final.

Repoblaba mis ojos, como un monte,

con las visiones que nutren las raíces.

Desde entonces mis ojos son vidrieras

que traslucen la luz de aquellos días.

* * * * * * * * * * * * * *

Hoy es mi deseo rendir un pequeño homenaje a mi amigo y poeta Pablo Villa, autor del hermoso libro al que pertenece este poema. Se titula “De la memoria al aire“, y es un emocionado canto a la vida rural de antaño, dedicado especialmente a las mujeres y hombres que nos precedieron. Seres humanos hechos de una “pasta” especial, integrados en los ciclos de la naturaleza, de los que nos hemos alejado tanto sus descendientes que a duras penas sabríamos sobrevivir en las condiciones en las que vivieron ell@s. Es un libro de serranos y serranas, entre los que me incluyo por el lado materno y el paterno, que remueve memorias y, como su propio título sugiere, las lanza al aire en colorido revuelo de aromas, imágenes, sabores, sonidos y tactos de antaño que a tod@s nos unen y anidan en lo más hondo de nuestra esencia.

Pablo es un hombre sereno, profundo y sensible, un hombre auténtico donde los haya, un hombre-árbol que escribe hermanado con un lenguaje de resonancias antiguas y eternas. Un lenguaje nostálgico (casi elegíaco) de otros tiempos no muy lejanos, pero aparentemente inalcanzables en su pasado.

Sin embargo, nunca se sabe… Tal vez el ser humano esté destinado a regresar a la Madre Tierra antes de lo que pensamos, a esa vida íntegra, dura y natural de la que nunca debimos separarnos, pero a la que seguimos unidos por viejos y resistentes cordones umbilicales. La Tierra, al Aire, el Agua, el Fuego… son y serán elementos básicos en la alquimia que nos conforma a todos y a todo, pura esencia de nuestras raíces más profundas.

Leyendo a Pablo, sumergiéndome en las brumas de sus recuerdos casi calcados a los míos o a los de mis padres, no he podido evitar una punzada de nostalgia, y un anhelo muy fuerte de regresar a aquel modo de sentir, de integrarse y de SER. Y me vinieron reminiscencias de otro amigo escritor llamado Miguel: entonces supe, de alguna manera, que el mundo de nuestros ancestros y el de ciertos humanos denominados “Band´haker” (o algo así) en un futuro imaginado por él, puede que estén más cerca que nunca.

Este libro significa mucho para Pablo, y también para mí. Tuve la suerte de que me pidiera transformar en imágenes la belleza que destilan sus versos, y es lo que traté de hacer con mis ilustraciones, en las que puse sentimiento y trabajo a partes iguales.

El resultado es una obra delicada y autentica que os recomiendo vivamente, sobre todo a aquell@s cuya memoria esté enraizada en el campo, hoy yermo y abandonado. Sin duda, leerlo nos ayuda a sembrar de nuevo las semillas de la vida en nuestros corazones.

Aprovecho la ocasión para invitaros a un acto muy especial: quienes estén interesados, vivan cerca o, sencillamente, no tengan nada mejor que hacer el próximo viernes día 8 de Junio, a las 19 horas, en el Centro de Humanidades de La Cabrera (Sierra de Madrid) se realizará una presentación y lectura de varias partes del libro, con la participación del autor y la ilustradora (je, je…). El acto será muy emotivo y pintoresco, amenizado por cantares de rondalla y de corro infantil, y supongo que después habrá un pequeño ágape para celebrarlo con los asistentes, tras la firma de ejemplares.

Sé que la mayoría de nosotr@s estamos repartidos a lo largo y ancho de la geografía española (y de otros países), y es complicado acudir desde lejos para una cosa así, pero sería una oportunidad estupenda para que algun@s pudiéramos conocernos en persona, ¿no creéis? De todos modos, como ya le dije a Wolfman en su momento, será mejor que no me digáis si pensáis asistir, para que no me ponga nerviosa durante la lectura de los poemas que me tocan, que luego me entra el miedo escénico y puede ser un desastre… 🙂 🙂 🙂

Colonizar poeticamente nuestro mundo: ése es el propósito de Pablo Villa, en el que os invito a poner vuestro granito de arena, recordando que existe una sección “ad hoc” en el blog llamada “El Club de los Poetas Tuertos”, donde tod@s tenéis papel y pluma a vuestra disposición. ¡Os espero por allí y por acá!

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Acerca de rivendelian

Estudié Filología Hispánica, he sido recepcionista, administrativo, jardinera, educadora ambiental, ilustradora, pintora, escritora, auxiliar veterinaria, madre, maestra, psicóloga, enfermera, limpiadora, cocinera, panchadora, taxista, experta en autismo y mil cosas más... Pero nada de esto me define. Soy poco sociable, pero comunicativa; pachona, pero curiosa; rebelde, pero cariñosa. Mis raíces están en Gredos, pero me siento asturiana de adopción. Adoro a los animales, me encanta la astronomía y mi lugar favorito es un bosque viejo (preferiblemente de hayas o robles). Sonrío cuando camino entre guijarros, cuando escucho cantar a mis hijas, cuando meto los pies en una corriente fresca, cuando pinto, cuando me reencuentro con amigos lejanos, cuando sueño... Prefiero el té al café, no como carne, me encantan el piano y el arpa, pasear bajo la lluvia, el olor de las mandarinas y la hierbabuena, y meterme castañas asadas en los bolsillos en invierno. Me siento observadora del mundo, y en él busco cosas que los demás ni saben que existen. Soy una que anhela SER, más allá de todas las características que me "adornen" en esta experiencia de vida.
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2 respuestas a De la memoria al aire

  1. Anele dijo:

    ¡Cuánta belleza junta, madre mía!
    Gracias, Riven, gracias, Pablo. Cuatro manos al servicio de la hermosura, dos conciencias bailando al sol.
    Besos.

  2. rivendelian dijo:

    Pues más gracias a tí, AneleelenA, por ser la única persona que se ha pasado por este rincón a comentar y por apreciar nuestro trabajo conjunto. La verdad es que es una obra muy hermosa, de la que los dos nos sentimos muy satisfechos, y me alegra compartir esa satisfacción.

    La presentación del día 8 fue muy emotiva, tanto por la lectura como por la actuación de la Rondalla de Navarredonda (pueblo natal del autor). Y, para mí, especialmente alegre porque pude conocer en persona a otro poeta espléndido, fructífero colaborador en el Club de los Poetas Tuertos, que se presentó en La Cabrera acompañado de una simpática tropa. Un fuerte abrazote desde aquí al entrañable buceador de las profundidades del sentimiento, Wolfman, y a sus “lobeznos”, Sophie, Zoe y Pablo.

    Otro abrazo también para Primi-Chiqui-Pondicherry, de Red Jedi Evolution, que también asistió al “evento”, pero prefirió ponerse la capa de invisibilidad que le pidió prestada a Harry Potter 🙂

    Os doy las gracias a los tres, de mi parte y de parte de Pablo Villa. (Por cierto, si alguien está interesad@ en adquirir un ejemplar del libro, je, je, no tiene más que contactar conmigo por correo electrónico y se lo mandaré de mil amores…)

    Besos “bailando al sol”.

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