Volver a lo natural


Como lo prometido es deuda, hoy me pongo manos a la obra con una de mis más recientes ilusiones para compartir. Creo que os comenté el creciente interés que siento hacia la botánica, enfocado más concretamente en sus propiedades benéficas para la salud. El mundo de las plantas me atrae desde que era muy joven, y siempre he sentido como una certeza interior: que en ellas se encuentran los remedios para casi todos nuestros males.

Vivimos tiempos en los que está cada vez más claro que estamos sometidos a muchas “dictaduras” en la sombra. Una de las más evidentes y despreciables es la de las macroempresas farmaceúticas, que parecen empeñadas en alejarnos lo más posible del conocimiento de alternativas más naturales para afrontar nuestros problemas de salud. Lo peor es que puede que la mayoría de estas dolencias estén también provocadas, para que sigamos manteniendo a perpetuidad el sistema de no salud en el que vivimos, y consumiendo medicamentos de dudosa utilidad, salvo el enriquecimiento de la casta dominante…

No niego que la medicina “oficial” haga una buena labor en muchos casos… pero lo que tampoco pueden negar ellos es que se nos oculta información sobre otras posibilidades que funcionan y que a ellos no les reportan ningún beneficio, porque están ahí, en la naturaleza, al alcance de tod@s. Por eso es absolutamente imprescindible que tratemos de volver a la sabiduría popular, al conocimiento de las plantas que curan.  Creo que se trata de una iniciativa imprescindible para la superviviencia del ser humano, reconocer las especias vegetales que vemos por el campo, saber para lo que valen, cuáles son comestibles… Porque no quiero ponerme en lo peor, pero puede que incluso llegue un día en el que este conocimiento nos salve la vida y nos ayude a sobrevivir, si alguna vez llega un momento en el que nuestros suministros habituales en las tiendas no estén garantizados.  Como decía Maurice Messegué, “La naturaleza tiene razón”. No les sigamos el juego a estos embaucadores que se creen con el monopolio de la verdad acerca de nuestra salud.

Y es que no nos damos cuenta, pero hay muchísimos (demasiados) productos químicos sintéticos que forman parte de nuestro día a día y nos impregnan por dentro y por fuera, en constante bombardeo inconsciente. No son sólo los medicamentos, están también los alimentos, las bebidas, los aerosoles (insecticidas, ambientadores… ), champús, geles de baño, suavizantes, detergentes, friegasuelos, quitagrasas, lavavajillas, cremas, pastas dentales, desodorantes, lociones, serums, mascarillas, tintes del pelo, tejidos artificiales… ¡La lista es inmensa!

Sin embargo, yo creo que cada vez es mayor el número de personas conscientes de esta situación. Se está produciendo un cambio de percepción a todos los niveles de la realidad, un cambio vibracional, si quieres, que afecta a muchas cosas que nos atañen (educación, sociedad, política, economía, ciencia, alimentación…).

Esta percepción nos lleva a much@s a plantearnos cambios, a modificar tendencias repetitivas y comodonas y a dejar de sostener con nuestra indiferencia cosas tan inhumanas como el consumo de carne a nivel industrial. Yo, personalmente, aunque he tenido alguna “recaída” reciente de la que me avergüenzo, siento que al ingerir productos procedente de seres  inocentes que malviven y mueren (o ponen huevos) en condiciones terroríficas, nos comemos también una tremenda energía negativa y una mentalidad de esclavitud y sometimiento, pues eso es lo que se genera, además de productos de origen animal, en esas inmensas plantas industriales y mataderos. Esa negatividad, esa negrura y falta de compasión, impregnan todo nuestro alrededor, el ambiente de nuestra sociedad borrega, y es, al mismo tiempo, un sutil y subliminal recordatorio de nuestra propia condición de rebaño, como si alguna entidad reptiliana nos estuviera susurrando al oído: “Ojito, que puedo comerte también a ti”. ¡Quién sabe si esto no será más real de lo que imaginamos!

Lo cierto es que quieren evitar a toda costa que estemos sanos y felices, esa es mi visión de las cosas después de años de observación y reflexión personal. A eso se reduce todo.

Por eso, creo que es hora de abrir los ojos a la apabullante realidad tóxica que nos rodea, y hacer lo que esté en nuestras manos para eliminar o, al menos, reducir su impacto en nuestro organismo. Somos responsables de nuestra salud y la de nuestr@s hij@s, y tenemos que apostar por lo natural. Es ahora o nunca, pues estamos en un punto crítico en el que debemos tomar decisiones que cambiarán nuestra vida a mejor. Decisiones trascendentes, o decisiones modestas… Porque por ésas se empieza, y son pequeños pasitos hacia el verdadero ser humano que merece habitar en este bendito planeta.

Hay muchas “menudencias”, pequeñas iniciativas, que nos servirán para empezar a despegarnos de tanto consumo absurdo y envenenado, y dejar de ser cómplices de estos montruos que nos intoxican para enfermarnos y hasta matarnos. El lugar más peligroso de este mundo bien podría ser el supermercado de la esquina, y no nos damos ni cuenta… Yo, por ejemplo, hace un par de años que no utilizo suavizante para la ropa. Las niñas, sobre todo cuando eran más pequeñas, sufrían bastante de dermatitis y reacciones en la piel. Curiosamente, desde que no lo uso, no han vuelto a presentar esos síntomas. Me parece obvio que se trata de un producto de “limpieza” totalmente prescindible, pues sólo aporta buen olor y residuos contraproducentes para nuestra piel, que permanecen en la ropa durante demasiado tiempo. Lo importante es que los tejidos queden limpios, no que huelan maravillosamente. Es un engaño para nuestros sentidos (¡como tantos otros!) y, en la mayoría de los casos, ni siquiera suavizan la ropa. En casa, al menos, nadie ha acusado la diferencia…

Otro ejemplo: tampoco he vuelto a usar lavavajillas tipo “Fairy” ni nada por el estilo, desde que descubrí el portentoso poder limpiador y desengrasante del jabón casero de toda la vida, hecho con aceite reciclado y sosa caústica por mi madre en el pueblo. ¡Una maravilla! ¡La espuma que hace! ¡Cómo cunde!¡Y no veais cómo deja los cacharros y los fregaderos! ¡Niquelaos!

¿Veis? Perecen dos tonterías, pero son medidas muy fáciles de adoptar y que nos supondrán no sólo menos residuos tóxicos en nuestro entorno, sino además un buen ahorro en la cesta de la compra. Y hay más cosas, pero ya las iremos viendo sobre la marcha, porque al principio, de momento, me quiero centrar en las plantas. En este campo es dónde obtendremos los mayores beneficios para nuestra salud, y también nuestra economía saldrá beneficiada.

Os animo desde aquí a que hagáis como yo y tratéis de obtener los ingredientes de un botiquín básico natural, con el que sin duda podremos plantar cara a cualquiera de las dolencias habituales de nuestro entorno familiar. Haré un monográfico de cada especie que me parezca interesante, con mi experiencia personal de identificación, recolección, proceso de secado y elaboración de productos con una finalidad concreta.

Aprenderemos junt@s, y nos sorprenderemos con cuántas alternativas (gratuítas, sanas y sin contraindicaciones ni efectos secundarios) tenemos a nuestro alcance para combatir dolores de cabeza, de muelas, de estómago, reumáticos, problemas de la piel, picaduras, desarreglos hormonales… ¡Incluso encontraremos maravillosos aliados de belleza entre las plantas más insospechadas! Nuestra familia, nuestro bolsillo y nuestra salud (sobre todo) nos los agradecerán.

Tenéis que saber que todas las especies de las que pienso tratar se han venido utilizando desde tiempos inmemoriales. Incluso en la primera mitad del siglo XX se utilizaban todavía plantas en las boticas, para hacer los preparados que recetaban los médicos… Mi tío Félix, que trabajó toda su vida en la farmacia del pueblo, (una farmacia -la antigua- que yo conocí y que estaba llena de redomas, alambiques, preciosos tarros de porcelana y olores extraordinarios) me contaba cómo, siendo él un joven aprendiz, en la postguerra, usaban corteza de sauce para obtener el ácido salicílico (precursor del acetil-salicílico de la aspirina). Eso fue lo habitual… hasta que la industria farmacéutica empezó su despegue en el campo de los medicamentos sintéticos, y se acabó el macerar hierbajos, claro…

Los beneficios de muchas especies vegetales han sido ensalzados desde la antigüedad por grandes autores como Dioscórides, Font Quer, o, mas recientemente, Messegué, pero, sobre todo, vienen ratificados por los millones de personas que, a lo largo de los siglos, conocieron y utilizaron los principios activos escondidos en las plantas más humildes del campo.

Lo ideal es tratar de obtener las plantas vivas, adquirir en un vivero algunas macetas de los ejemplares básicos de los que hablaremos, y consumir sus hojas, flores, raíces o lo necesario directamente de la propia planta. Si podemos tenerlas en nuestro jardín, patio o terraza, ese rincón será como nuestro “santuario”, pues lograremos una alquimia especial con ellas, y entablaremos una relación de cercanía e incluso “amistad” que realmente favorece y llena de magia su colaboración con nosotros. Es maravilloso interactuar con la planta, valorarla, acariciarla, y expresar agradecimiento sincero por lo que comparte con nosotr@s, que es mucho más de lo que aparenta.

Si no es posible que las tengamos en macetas,  en el huerto o el jardín, entonces podemos comprarlas (ya secas y preparadas para usar) en una herboristería de confianza. La tercera opción es buscarlas por el campo… o, en última instancia, por parques y jardines, donde se suelen plantar especies aromáticas con propiedades medicinales. Aunque… Ejem… este tema es delicado… Bueno, ante todo hay que dejar bien claro que ESO NO SE HACE, ¿vale? No deberíamos optar por esta alternativa (la de los parques y jardines), pero si alguna vez nos tienta un maravilloso macizo de lavandas, por ejemplo, y lo hacemos, está de más decir que apelo a vuestra moderación, discrección y cuidado a la hora de recolectar, no vaya a ser que el jardinero o los vecinos se enfaden… Yo confieso que alguna vez lo he hecho, je, je, pero siempre a horas muy tempranas, sin testigos, y bueno… unas puntitas de romero por aquí, unas florecillas de lavanda por allá… ¡y aquí no ha pasado nada! En todo caso, las recolectemos donde las recolectemos, debemos coger ramitas  sueltas de diferentes parterres, nunca hay que esquilmar una misma planta, ni siquiera en campo abierto. En ocasiones, como ocurre con las flores, se pueden coger las que ya están secas o caídas, o con los pétalos a punto de desmoronarse, porque nos van a servir igualmente. Es decir, trataremos de hacer el menor daño posible a la planta, y de  causar el mínimo estropicio en el entorno. Más que nada, porque algunas de estas especies están protegidas, e igual nos cae una multa que nos cruje viv@s, y eso en época de crisis no sienta nada bien… Además, hay que ser caut@s, porque ahora ya te consideran un delincuente hasta por llevar piedras en el bolso, no sea que le vayas a atizar a algún representante de las fuerzas de orden público con él en la cabeza… ¡Glups! Pues me temo que el día menos pensado acabo dando con mis huesos en la cárcel, porque yo en el bolso siempre llevo algún hierbajo y alguna piedra… (eso sí, con forma de corazón, espero que lo consideren un atenuante, je, je…)

Bueno, volviendo al asunto botánico, lo ideal es comprar varias macetas en un vivero y cultivarlas en casa, o bien buscarlas por el campo, que también es muy entretenido y se puede plantear como una actividad interesante a realizar con l@s niñ@s los fines de semana. Ahora ya es difícil encontrar ejemplares a pleno rendimiento, por la época del año en la que nos encontramos, pero a veces te llevas sorpresas, pues muchas especies tienen una segunda floración en otoño. Por algo siempre pensé que el otoño es como una primavera al revés… Si sales al campo en estas fechas, el disfrute de los sentidos está asegurado (y alguna recolección también, sobre todo de frutos secos, almendras, avellanas, nueces, castañas…)

Yo procuro hacerlo de vez en cuando. me gusta mucho salir a pasear por las inmediaciones de mi barrio, que está en uno de los extremos de la ciudad y limita con una gran zona campestre, todavía sin urbanizar. No es ninguna maravilla, pero con la luz del amanecer o a la puesta de sol resulta agradable deambular por sus caminitos, cerca del arroyo. Hay un parque infantil muy cerca, y allí me detengo a veces con mi hija más pequeña. A veces se anima tambien la mayor, e incluso dos vecinitas asiduas de casa…

Disfruto mucho explicándoles curiosidades, ayudándoles a identificar especies y distinguir unas de otras, y me siento bien, porque sé que, de una manera sencilla y discreta, puede que esté sentando los cimientos de unos futuros seres humanos más conscientes de lo que les rodea, más agradecidos, y no tan dependientes de lo artificial.

Lo hago por ellas, pero también por mí misma. Tal vez tod@ deberíamos sacar un ratito cada día para pasear por un entorno lo más natural posible, porque el proporcionarnos a nosotr@s mism@s ese placer tan sencillo ya le reporta numerosos beneficios a nuestra salud, a nuestro bienestar y equilibrio emocional. Todas las mañanas me doy un buen paseo apretando bien el paso, y me maravilla lo bien que me sienta. Salgo muy temprano. Dejo a mi hija mayor a la puerta del cole a las ocho menos cinco, y diez minutos después ya estoy caminando. hago un recorrido más o menos fijo, aunque también me gusta cambiar de vez en cuando, pero siempre voy por zonas verdes. Una de mis rutas preferidas es la que bordea el río. Otra va por el Parque de los Sentidos. Se llama así por la gran variedad de plantas aromáticas y medicinales que adornan sus parterres, que son un deleite para la vista, el tacto, el olfato, y hasta el gusto (higueras, naranjos, madroños…). No tengo palabras para describir las sensaciones que me invaden al ir impregnándome de cada uno de esos olores: lavanda, romero, menta, salvia, jaras, hierbabuena, tomillo, rosas, y en época primaveral las lilas y las deliciosas florecillas del Arbol del Paraíso… Me envuelvo en ropajes de aromas exquisitos, aderezados por la luz dorada del sol que amanece tras los cerros. Un sin fin de pajarillos (mirlos, gorriones, verderones, jilgueros, petirrojos, papamoscas…) animan el aire vibrante con sus trinos y revuelos. Confiados y cercanos, parecen salirme al camino, se me acercan, me miran con amistosa curiosidad, me siguen o vuelan delante de mí de seto en seto,  y a veces me da la sensación de que vendrán a posarse en mis manos y acabaré cantando como una princesa Disney de película… 🙂 La perrita Shiva disfruta tanto o más que yo de estos paseos mañaneros, corretea, olisquea, sube y baja por el camino tres o cuatro veces…Son sensaciones que me entran hasta el corazón cada vez que respiro. Y simplemente eso ya me hace sonreir y sentir que la vida merece la pena.

Busquemos los tesoros que la naturaleza comparte generosamente con nosotr@s. Desnvolvámonos con respeto, entrega y energía positiva hacia todos los seres vivos, y seguramente nos asombraremos del mundo que se abre ante nuestros ojos. Los resultados de nuestra cooperación amistosa con la naturaleza no se harán esperar.  Eso es, ni más ni menos, lo que me mueve a cargar las tintas de mis próximas entradas en esta vuelta a lo natural.  Pues es un retorno pero, al mismo tiempo, un avance con futuro. El único futuro que podemos y debemos plantearnos.

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Acerca de rivendelian

Estudié Filología Hispánica, he sido recepcionista, administrativo, jardinera, educadora ambiental, ilustradora, pintora, escritora, auxiliar veterinaria, madre, maestra, psicóloga, enfermera, limpiadora, cocinera, panchadora, taxista, experta en autismo y mil cosas más... Pero nada de esto me define. Soy poco sociable, pero comunicativa; pachona, pero curiosa; rebelde, pero cariñosa. Mis raíces están en Gredos, pero me siento asturiana de adopción. Adoro a los animales, me encanta la astronomía y mi lugar favorito es un bosque viejo (preferiblemente de hayas o robles). Sonrío cuando camino entre guijarros, cuando escucho cantar a mis hijas, cuando meto los pies en una corriente fresca, cuando pinto, cuando me reencuentro con amigos lejanos, cuando sueño... Prefiero el té al café, no como carne, me encantan el piano y el arpa, pasear bajo la lluvia, el olor de las mandarinas y la hierbabuena, y meterme castañas asadas en los bolsillos en invierno. Me siento observadora del mundo, y en él busco cosas que los demás ni saben que existen. Soy una que anhela SER, más allá de todas las características que me "adornen" en esta experiencia de vida.
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8 respuestas a Volver a lo natural

  1. Nube dijo:

    Gracias Lauririoven, ririri
    Se avecinan buenos cambios, y en tu compañía da gusto caminar.
    Besos, hablamos 🙂

    • rivendelian dijo:

      ¡¡¡Hommmmbreeee!!! ¿Dónde te metías, Nubecilla errante? Hacía tiempo que no te leía por ninguna parte, y ya te echaba de menos… Pero te siento-percibo contenta, y eso es bueno… ¡Muy bueno!

      ¿Tú también has visto que Furly me ha cambiado de nombre? Dice que es más acuático… ¡Qué ocurrente! Pero tiene razón, me gusta eso de llamar al agua con mi nombre, je, je. Bueno, tú siempre la has llevado incorporada en el tuyo (y condensada…).

      Un rato de éstos te llamo por teléfono y nos contamos largo y tendido. Espero que estés bien, amiguita… Besos a porrillo, para compartir con mi precioso Joselito 🙂 TQM

  2. yenila dijo:

    Bueno, no hay que olvidar, Riven, que la sosa también es contaminante, a pesar de que es de lo mejorcito para lavar la ropa y demás enseres. Tengo jabón guardadito como oro en paño hecho con sosa… me lo regaló un amigo de Jaén (lástima que entre los ingredientes hay grasa de animal) , es un jabón muy antiguo y lava increiblemente bien. Muy buen post. Un saludo. ( conoces Planeta Gea y a su administrador? Ha comunicado su marcha por necesidades varias… lo hecho de menos, pero lo entiendo perfectamente porque yo he sentido la necesidad de un periodo reflexivo y de motivación interior. Pero no deja de llamarme la atención que haya tanta gente con las mismas necesidades que están pasando por esos mismos baches… o quizás más bien trampolines, pues creo que son el impulso necesario para adaptarse al cambio. Un abrazo y gracias por permanecer ahí, aunque sea más esporádicamente.

    • rivendelian dijo:

      ¡Hola, Yenila!
      Has estado muy acertada al puntualizar sobre la toxicidad de la sosa, no te creas que se me había pasado por alto su tremendo poder corrosivo… Pero claro, si comparamos su composición (hidróxido de sodio) con la del fairy (pheroxyethanol, methylisothyzolinone, alkylethosulfate, alkyldimethyl ethanol y otras lindezas que he encontrado por ahí), no sé, me suena mucho más “natural” y menos complejo lo de la sosa, qué quieres que te diga… Y también hay que tener en cuenta que toxicidad encontramos hasta en plantas que pueden salvar vidas, como ocurre con la digital… Todo depende de la dosis, claro… Además, una vez que se ha producido la reacción química que transforma la sosa, el agua y el aceite en jabón, es evidente que el efecto corrosivo ya no existe…

      También tienes razón en lo que comentas acerca acerca de Planeta Gea… Yo también vengo observando que cada vez somos más l@s compañer@s de blogs que andamos en el mismo proceso, con cierta necesidad de pausa y sedimentación interior. La Luna Gatuna, Manolo de Chemfranqueses (que se acaba de mudar de blog), Varín de Conocimiento y Libre Albedrío, incluso el poeta favorito de esta casa, Wolfman, que ha decidido cortar con algun@s, (y le echamos de menos…). Otr@s, sin embargo, van y publican cinco o seis entradas en el mismo día, como es el caso de Semillas y Salud…

      Cada un@ a nuestra manera, estamos experimentando y expresando las mismas inquietudes y deseos de cortar un poco con lo de siempre y empezar a movernos de verdad. Porque estamos en época de grandes cambios, y esa marea de transformación nos arrastra a nuevos puertos sin que podamos evitarlo, fluyendo con el agua de vida que también nos corre por dentro y que forma parte de todo.

      Sí, hay trampolines, amiga, y nos preparamos para el gran salto, cada un@ a su manera.

      Abrazos, gracias por pasarte..

  3. Ricardo dijo:

    Hola Riven,

    Hermoso post !!!
    No se si habeis visto el video de Josep Pamies, sobre plantas que curan http://www.youtube.com/watch?v=be80rAMd8bU
    Yo estoy juntando algunas de ellas… la Stevia es riquisima 🙂

    saludos
    Ricardo.

  4. rivendelian dijo:

    Pues sí, Ricardo, conozco el video, pero muchísimas gracias por compartirlo aquí, porque seguro que hay gente que no lo ha visto y les interesará. Pamiés es todo un ejemplo de persona absolutamente implicada en defender el libre acceso a alternativas más saludables para cuidar de nuestra salud.

    La verdad es que el tema de la maravillosa stevia merece una entrada aparte, así que es “obligatorio” que hable de ella en alguna de las próximas 🙂 ¡Habrá un capítulo para ella solita, descuida!

    Te agradezco tus palabras y me alegra que te haya gustado el post. Bienvenido a Rivendel, amigo.

    Un abrazo

  5. rivendelian dijo:

    Os dejo aquí el enlace a una entrada maravillosa de Semillas y Salud, porque me parece muy en consonancia con lo que escribí en este post. Un abrazo.

    http://semillasysalud.wordpress.com/2012/10/23/plantemos-frutales-en-permacultura/#comment-2667

  6. Pingback: Sobre plantas que crecen solas « conocimiento y libre albedrío

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