Otoño


(Dedicado a Wolfman y a su melancólica complacencia…)

Me encanta el otoño. Es mi época preferida del año. Me instalo cómodamente en su alfombra mágica y mis sentidos se recrean con cada uno de los hilos que conforman su tejido. Como cada año, gustosa, casi enamorada, me dejo arrastrar por sus planeos serenos, sus colores sensuales, sus sonidos nostálgicos y su aroma a hojas húmedas, a verdor inesperado, a setas, membrillos, a hogueras recién encendidas… a hogar.

Hoy ha amanecido con niebla. La ciudad era un desfile de sombras fantasmagóricas, los rincones de siempre irreconocibles, borrosos, tras el velo húmedo que se desplegaba por todas partes. Una magia atemporal y preciosa parecía centellear tras la bruma, y me he dejado arrebatar por ella, con la cámara y con el bolígrafo, sin poder remediarlo. Así han visto mi objetivo y mi cuadernillo de notas el otoño neblinoso que hoy adornaba y llenaba de misterio mis escenarios cotidianos:

       

 

Otoño de brumas y dulce abundancia,

de frutos henchido y en oro fundido,

vestido de ocres, parduscos ropajes,

danzando ebrio entre los ramajes,

temblando en los cielos velados de niebla,

susurras en sueños magias de la tierra.

Yo he visto tu rostro de ancestrales ojos

bajo el árbol combado por frutos maduros,

en el fluir pasado, presente y futuro

del limpio arroyuelo, entre los rastrojos.

Yo he visto tu cara de niño dormido

en el cuenco pardo de un vacío nido,

en las hojas rubias, cabello dorado

por brisas traviesas gentilmente alzado,

en la zarza agreste cuajada de moras,

y en corrientes frías, de espumas sonoras.

Es tuya la piel musgosa del fresno,

tuyo el membrillo y su olor eterno,

son tuyas, sí, las setas más buenas,

níscalos, boletus, tiernas senderuelas.

Eres tú quien riza el límpido estanque

tú quien resucita a jardines y parques.

Eres tú quien guía a las aves viajeras,

tú quien reconforta junto a las hogueras,

quien pinta a la urbe, fría y altanera,

con el iris bello de otra primavera.

Vuelve Ella, sonriente, la traes de la mano

vais pintando juntos montañas y llanos,

con limpios compases de invertidas notas

floreciendo al revés, mientras el mundo rota.

Hermano de Ella, como Ella iluminas

(mientras, lustroso, cantas y caminas)

todo aquello que tu aliento toca:

el suelo y las plantas, el cielo y las rocas,

las nieblas, los cerros, campiñas y setos,

las flores tardías, los huertos repletos,

y blandas alfombras en bosques arcanos

bordadas con hojas por mágicas manos.

Hoy duermo en tu alcoba de amante soñado,

otoño dorado, mi otoño adorado.

 

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Acerca de rivendelian

Estudié Filología Hispánica, he sido recepcionista, administrativo, jardinera, educadora ambiental, ilustradora, pintora, escritora, auxiliar veterinaria, madre, maestra, psicóloga, enfermera, limpiadora, cocinera, panchadora, taxista, experta en autismo y mil cosas más... Pero nada de esto me define. Soy poco sociable, pero comunicativa; pachona, pero curiosa; rebelde, pero cariñosa. Mis raíces están en Gredos, pero me siento asturiana de adopción. Adoro a los animales, me encanta la astronomía y mi lugar favorito es un bosque viejo (preferiblemente de hayas o robles). Sonrío cuando camino entre guijarros, cuando escucho cantar a mis hijas, cuando meto los pies en una corriente fresca, cuando pinto, cuando me reencuentro con amigos lejanos, cuando sueño... Prefiero el té al café, no como carne, me encantan el piano y el arpa, pasear bajo la lluvia, el olor de las mandarinas y la hierbabuena, y meterme castañas asadas en los bolsillos en invierno. Me siento observadora del mundo, y en él busco cosas que los demás ni saben que existen. Soy una que anhela SER, más allá de todas las características que me "adornen" en esta experiencia de vida.
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8 respuestas a Otoño

  1. Miguel dijo:

    Laura
    Me llevas a espacios naturales alejados de lo urbano.
    Además, me gusta por qué me alejas. Y transito entre islas de un mar distante.
    Mi imaginación llega a dónde se cumple con los viejos ritos del : “el otro mundo”.
    Genera el ambiente íntimo para expresar la duda, la suposición, lo incompleto.
    Ajeno y sin importar las indicaciones temporales.
    Muy gracioso tu perro. Me recuerda a uno que se llamó “corbata”.
    Esa imágen de la intersección en el bosque y el can mirando, trasmite. Muchas cosas.

    Abrazo

  2. varín dijo:

    n h u m m m m m m………

    ahhhhhhhhh……

  3. rivendelian dijo:

    Sí, Miguel… Para mí también son espacios lejanos, casi exóticos, aunque se encuentren en plena ciudad, o en las afueras, a cinco minutos de mi casa. Porque el encuentro con ellos se produce en el corazón, y ahí no hay espacio ni tiempo que valga. Por eso, cuando camino por la orilla del río, o por un hermoso parque, o por un descampado soso que el cirujano plástico otoñal ha transformado en pura belleza, me siento visitante (casi habitante) en otros planetas. Es el mundo de siempre, pero nuestra visión lo transforma en el diseño de un caleidoscopio mágico, en un acto muy cercano a la creación. En realidad, es creación, pues el mundo no es de ninguna manera, sino como lo vemos nosotr@s…Yo pinto mi otoño como si lo hiciera con pinceles en un lienzo, pero mis utensilios artísticos no son otros que mis retinas y mi corazón.

    ¡Ah! El “gracioso” no es “gracioso”, sino “graciosa”: es mi compi de caminatas mañaneras, la perrita Shiva, de raza téckel. Y a mí también me gusta especialmente esa fotografía, en la que parece dudar ante qué camino escoger. Lo cierto es que cualquiera es bueno, y probablemente caminaremos por todos… Me hace pensar en Garnier Malet y la teoría del desdoblamiento. En un universo cuántico, muchas otras Shivas y muchos otros yoes se decidirán por distintas direcciones, y tod@s ell@s influirán en nuestro Aquí y Ahora. Lo bueno en este caso es que mañana, si quiero, puedo tomar un sendero diferente al que recorrí ayer.

    Me alegra que tú también te subas a la alfombra mágica del otoño… aunque, ahora que lo pienso, no estoy segura de si por tus latitudes patagónicas el tiempo se parece al de por aquí en estas fechas… 🙂

    Un fuerte abrazo, amigo.

  4. rivendelian dijo:

    ¡¡Cómo te explicas, Varinín!! ¡¡Totalmente de acuerdo contigo, hermanito!!

    ¿Para cuándo una visual de las bellezas estacionales por aquellos andurriales norteños? Si en Alcalá, que es un yermo, hay escenas tan bonitas como las que he fotografíado, por León y Picos la cosa debe de estar espectacular…

    ¡¡¡¡Uuuuuuuuh!!! ¡¡¡Aaaaaah!! ¡Besos a tutiplén para ti y la family!

    • varín dijo:

      [ tengo la cámara estropeada ( salen rayas y colorines extraños, imagino que cuesta menos una nueva que arreglarla ), y ni un duro o céntimo ]

      Besos y abrazos

  5. rivendelian dijo:

    No te preocupes, ya sabes que la mejor cámara es la retina… A excepción de las mías, claro, porque rayas y colores extraños no me salen (aún, que todo se andará 🙂 ) pero moscas voladoras tengo a mogollón…

    De todos modos, a veces creo que desde que existen las cámaras digitales nos pasamos bastante haciendo fotos, te lías y no paras de disparar, y al final te encuentras con doscientas fotografías de lo mismo, con el trabajo que implica luego hacer una selección de las que de veras te gustan (si es que la haces, porque yo creo que la mayoría acabamos dejándolas archivada por pura vaguería), y al cabo del año te puedes juntar con más de mil fotos que ni siquiera pondrás en un album…

    ¡Qué distinto era todo cuando éramos pequeños! Nuestros padres compraban los carretes Kodac de 24 o, como mucho, de 36 (cuando nos íbamos de vacaciones), y con eso teníamos suficiente. Al final del año las llevaban a revelar ,o las revelaban en casa, en el “almacén” que tenían mi padre y mi padrino en el bajo derecha, ¿te acuerdas?, donde dejábamos las bicis y los trastos (y hasta escondí algún cachorro abandonado para que no lo supieran mis padres, je, je…). Y el día que se revelaban era como una fiesta, porque ahí salía de todo, el cumpleaños, el viaje al pueblo, las vacaciones en Picos, las navidades… ¡Todo un año resumido en un carrete de 36 fotografías! O, como mucho, en dos de 24…

    Pero, sea como sea, lo importante es disfrutar el momento, más que tratar de inmortalizarlo o congelarlo para volver a disfrutarlo más tarde, porque la vida no es una bolsa de croquetas ultracongeladas, hay que consumirla fresca, je, je…

    Un abrazo muy fuerte, Varinín.

  6. chemfranqueses dijo:

    Hola Riven,a mi tambien me ha gustado siempre el otoño,por sus colores,por sus dias de lluvia,pero en los ultimos tiempos,al menos por aqui,solo hay dos estaciones,ya no hay las estaciones intermedias.El viernes 26/10 estabamos a 25 grados,hoy 29/10 estamos a 5 grados.
    Tus fotos son maravillosas,es un paraiso en el que me perderia.
    Abrazos Hermanita….
    Manolo………..

    • rivendelian dijo:

      Hola, Manolín: ¿sabes? No te falta razón con eso que comentas de que sólo hay dos estaciones… La verdad es que cuando escribí esta entrada e hice las fotos, lo único que daba una sensación otoñal al entorno era el clima neblinoso y algo fresco, pero, en realidad, los colores habituales de los que hablo en el poemilla brillaban por su ausencia. Salvo un par de raras excepciones (algún olmo y alguna morera que ya amarilleaban un poco), la inmensa mayoría de los árboles del río y de las zonas ajardinadas de la ciudad estában (y siguen estando) verdes. Ya el año pasado recuerdo que estábamos en navidad y muchísimas hojas permanecían en las ramas, sin caerse…

      Son tiempos extraños. Tal vez porque nos acercamos al tiempo del no-tiempo. El sol está raro-raro, ¿te has fijado? Amanece superdeslumbrante, con una luz blanca y cegadora, y sale mucho más al noreste, no por el lugar habitual de los cerros por donde le tenía “fichado” en estas fechas… No quiero ser agorera, pero todo parece sugerir que lo que indicabas en tu post sobre las tormentas solares tiene visos de convertirse en realidad en cualquier momento.

      Me siento especialmente inquieta, aunque no mal. Es como si todo se precipitara, como si los días volaran muy rápido. Me abro a los pequeños cambios en mi vida (como la gatita que vive en casa desde el viernes) y los veo como precursores de otros mayores. Es como si se desplegara una especie de magia extraña que permitirá que ocurra cualquier cosa. Y esto deja mucho sitio a lo bueno, si es lo que queremos y en lo que nos enfocamos.

      Hermanito, voy a escribirte un correo porque me gustaría pedirte un favor muy especial. Confío mucho en tu energía, y hay alguien muy querido que la necesita con todas sus fuerzas… Un arrumaco especial de la gatita de Betelgeuse 🙂

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