Mi tío


OLYMPUS DIGITAL CAMERA

Hay personas que dejan huella profunda, que siembran su vida con un amoroso fulgor, infundiendo brillantez a lo aparentemente mediocre, nobleza y valor al trabajo, el esfuerzo, la risa y el llanto. Personas que dejan hondos vacíos al dejarnos, y cuyo paso por este mundo merece un homenaje. Aunque sea pequeño y con pocas pretensiones….

Eso intento con esta entrada, cuyo título coincide intencionadamente con el de una vieja película del genial director-actor francés Jacques Tatí. Seguramente much@s conoceréis su banda sonora sin haber visto necesariamente la película:

https://www.youtube.com/watch?feature=player_detailpage&v=1Qqm9XgG8Tg

Es una melodía alegre y, a la vez, nostálgica, como los dos sentimientos que me recorren de arriba a abajo cada vez que pienso en él. En mi tío. La verdad es que esa música iba muy bien con su personalidad, ahora que lo pienso…

Mi tío Mariano era el hermano de mi padre. Su único hermano. Y, para mí, siempre fuePapá y el tío algo así como “mi padre del Papá y el tíopueblo”. Hombre de campo hasta la médula, sencillo, recio y trabajador, poseía, no obstante, una sabiduría excepcional, esa serena aceptación de las cosas (que nos falta a much@s) sin enfermizas resistencias, aderezada con un magnífico sentido del humor. Daba gusto estar a su lado. Era una persona que siempre transmitía una simpática calidez, una confianza campechana en que todo estaba bien tal y como estaba.

Familiar y amoroso, se hacía querer por chicos y grandes, y era el centro de atención cuando nosEn las Erillas juntábamos en el pueblo todos los veranos, tanto siendo pequeños mi hermano,  mis prim@s y yo,  como en tiempos más recientes, cuando acudíamos allí tod@s con nuestr@s hij@s, la nueva generación.

Si algo destacaba en su personalidad. era un tremendo sentido del humor, que ya despuntaba desde la infancia. Mi padre contaba una anécdota muy gráfica de cuando eran pequeños, que ilustra muy bien su manera de ser: Papá y el tío con el abuelo Goroeran dos chavalillos de unos ocho y diez años, y andaban de correrías por los prados de la dehesa donde vivían, antes de que sus abuelos decidieran instalarse en el pueblo (eran guardeses de una inmensa finca de unos familiares de Adolfo Suarez, y vivían en una enorme casona de piedra en medio del monte). Mi padre (el rubiales de las fotos)  y mi tío (el más pequeño)  bajaban corriendo hacia una fuente por una pronunciada pendiente, que papá enfiló con demasiada velocidad, de modo que resbaló y fue a aterrizar sobre una zarzaleda espesa. No se dio ni cuenta pero, al parecer, el pobre se desolló la rodilla al caer, y cuando se levantó, sacudiéndose el polvo de la ropa, apareció su hermano con una sonrisa en la boca. Movía una mano enseñándole un pequeño colgajo ensangrentado de piel, que llevaba sujeto entreLa familia de mi padre los dedos. Su frase lapidaria, que mi pobre padre nunca olvidó, fue: “¡Anda, qué suerte tienen algunos! ¡Esta noche cenan carne los alcaudones!”. ¡Menuda pieza! (Por lo visto mi pobre papaíto se pasó las dos horas siguientes corriendo por toda la finca para evitar que le echaran alcohol en la herida…).

También cuenta mi padre que fue él, mi tío, el que le echó el ojo a mi madre en el colegio, pero pensando en su hermano mayor, no en él mismo. Ella me dijo que, tiempo después, el tío le contó que pensó al verla: “Mira qué muchachilla más maja para mi hermano”… Y eso que mi padre es menor que ella, pero como superaba en altura a todos los chavales de su edad, parecía mucho mayor.

Mi tío siempre fue así, una persona jovial y con mucho desparpajo, con la que compartí algunos de los más hermosos recuerdos de mi infancia en el pueblo. Le quería muchísimo, y jamás podré olvidarle. Se me encoge el corazón como una pasa mientras escribo todo esto…

Nunca olvidaré esos atardeceres dorados en Las De pequeños, en las ErillasErillas. Así se llama la hermosa finca que fuera de mis abuelos paternos, donde mi tío sembró, literal y metafóricamente, tantas semillas familiares y hortícolas. Con él aprendimos a regar, abriendo o cerrando el canalillo del cauce con golpes suaves de azadilla, dirigiendo la pequeña corriente hacia el bancal de los tomates o el de las Tío Mariano y Tía Margafresas, donde correspondiera… y a escardar, desbrozar, limpiar, recolectar… Humildes faenas de la tierra que nos regalaba sus frutos maravillosos. ¿Cómo explicar el placer de regresar a la ciudad con el maletero repleto de cajones con patatas, tomates, lechugas, zanahorias, calabacines, melocotones, manzanas o ciruelas? ¡Todo salía de su huerta! Bueno, casi todo…Recogiendo melocotones porque mis abuelos maternos también tenían un huertecillo, del que atesorábamos judías verdes, guisantes, peras, higos, y las rosas más embriagadoras que he olido jamás….

Mi tío tenía un tractor. Recuerdo lo orgulloso que estaba de él en su momento, pues fue de los primeros del pueblo en conseguir comprarse uno (la mayoría de la gente, cuando yo tenía diez-doce años, todavía utilizaba tracción animal para las faenas del campo, y los burros y mulas abundaban en las fincas). En su remolque íbamos felices dando tumbos por caminos rurales llenos de baches, a la vendimia en El Pinarón, o a recoger leña en La Umbría, y era toda En el remolque del tractoruna aventura salpicada de risas y exhabruptos, siempre seguidos por el maravilloso perro de turno: Turco, Laser, Linda, Druso, Chispa, Martin… En cada época uno diferente. Nos encantaban esos días especiales que pasábamos toda la familia en el campo, sobre todo cuando íbamos a vendimiar. El abuelo o el tío me dejaban una navajilla y me pasaba horas cortando En la vendimiaracimos, agachada entre los sarmientos, sintiendo en mi boca cada poco tiempo la dulce explosión de las uvas, pequeñitas y negras. Y al mediodía nos sentábamos en el suelo, o sobre algún canasto, a comer las “patatas secas” que hacían la tía Margarita y la abuela María, deliciosas en su misma sencillez: patatas cocidas, machacadas con un tenedor y aliñadas con torreznillos, pimentón y manteca, un pelín rancia, pero que nos sabía a gloria en aquellos días de septiembre tan lejanos.

En el remolque con el abueloOtro detalle curioso que recuerdo de mi tío es que, a veces, se dirigía a nosotros ( a mi hermano y a mí) como los “señoritingos finos de la ciudad”. Es una historia que se repite en muchas familias de origen humilde: el hermano mayor destaca en los estudios y el mecenas de turno convence a los padres y abuelos (que por aquel entonces tenian voz y voto sobre los destinos de sus descendientes, tanto o más que los propios padres) para no desaprovechar ese “diamante en bruto” y mandarlo a estudiar a la capital. Quisieron incluso meterlo en el seminario, pero mi bisabuela se opuso, y al final lo que hizo fue un curso de electrónica, que afianzó durante el servicio militar. Y así fue como mi padre inició su andadura fuera del pueblo, y mi tío Mariano se quedó allí para sacar adelante el patrimono familiar.

De pequeños íbamos muchos fines de semana, y los veranos los pasábamos allí casiDSCN2046 enteros, pues también teníamos a la familia de mi madre. Y para mí era una rara e inexplicable fuente de placer perderme en esos rincones rústicos. Siempre me sentí más a gusto en el pueblo que en la ciudad, de modo que bien pronto estuvo claro que la vena rural de ambas ramas de la familia corre por mis venas.

Me encantaba, por ejemplo, sentarme al lado de mi tío, en un pequeño taburete de madera hecho por el abuelo, a ver cómo ordeñaba las vacas: Mariposa, Remigia, Lucera…” Anda, Las zapatillas de faenainténtalo tú”, me retaba, entre los inefables efluvios de la paja y el aliento de las vacas, con una sonrisa ladeada en su rostro curtido, que no ocultaba cierto simpático “desdén” hacia la sobrina urbanita que lo miraba todo con los ojos como platos. Y yo lo intentaba, por supuesto… pero nunca fui capaz de extraer ni una gota de leche de aquellas protuberancias mamarias… ¡Me daba miedoCon la madre de Remigia hacerles daño y no quería apretar! El se burlaba y hacía chanzas a mi costa, pero siempre con una actitud cariñosa y simpática, y yo le seguía la corriente. Siempre tuvimos muy buen rollo, a pesar de nuestros pequeños piques, y se tomaba nuestras diferencias con muy buen humor.

DSCN1986Recuerdo, por ejemplo, antes de decidir que no volvería a comer carne, que ya tenía yo actitudes “tiquismiquis” hacia los productos de procedencia animal. Como es tradicional entre la gente del campo, mi tío y mi abuelo hacían matanza todos los años, y nos daban morcillas, chorizos, panceta, jamón y todas esas “delicatessen” que tanto admiran los carnívoros. Pero yo ya apuntaba maneras. No soportaba, por ejemplo, la veta blanca de grasa del jamón. Nos lo ofrecía la tía Marga, tan cariñosa, cada vez que íbamos a su casa, un buen plato de jamón que me río yo de los de Guijuelo… pero yo leEn la casilla del bisabuelo quitaba “lo blanco” porque me daba mucho asquito. Y mi tío, que se ponía malo al verme, bufaba como un gato y exclamaba, amagando un gorrazo hacia mi persona: “¡Ay, abanto, a quién se le ocurre quitar lo mejor del jamón!” (eso de “abanto” me hacía mucha gracia, porque nunca se lo he oído a nadie más, pero era su insulto favorito, y nos lo decía a tod@s, hij@s y sobrin@s…)

¡Qué risa! De repente me viene a la memoria, hablando de jamón, cuando siendo yo muy jovencilla (unos diecisiete o dieciocho años) llevamos al pueblo a un amigo marroquí llamado Halim, que había conocido por correspondencia a través de una iniciativa multicultural del colegio, un par de años atrás. Como era habitual, hicimos la “ronda” por todas las casas de la familia para presentarles a mi amigo: la de mis abuelos, la deOLYMPUS DIGITAL CAMERA mis otros abuelos, la de la tía Julia y, al final, acabamos en la de mi tío Mariano, que, como siempre, sacó la fuente del jamón, totalmente ajeno a las costumbres alimenticias de los practicantes del Islam.

El muchacho declinó amablemente su ofrecimiento, y mi tío se sintió un poco desairado. Le explicamos entonces que, por motivos religiosos, Halim no podía comer cerdo, y mi tío entonces sonrió de oreja a oreja, exclamando: “¡Pues vosotros os lo perdéis!”. Y cuando nos despedíamos, un par de días después, le soltó al chaval un juego de palabras que todavía hoy nos provoca una sonrisa al recordarlo: “Halim: jamás jamarás jamón”. Así era mi tío, siempre con el sentido de humor a flor de piel. Muchos años después, hablando con Halim, todavía se acordaba con simpatía del “jamás jamarás jamón” que le dedicó mi tío.

En la ventanaComo casi todos en los pueblos, era un hombre polifacético y sabía de todo. No era un simple campesino que trabajaba la tierra y criaba animales; era carpintero, albañil, mecánico, enmarcaba cuadros, y se dedicó durante muchos años al mantenimiento de la piscina municipal del pueblo. La casa familiar la construyó él solito, poco a poco, y ese afán lo heredó mi primo Jorge, su hijo mayor, ya en plan prefeccionista, manifestándolo en la preciosa casona de piedra natural y madera tallada que se está terminando de hacer en las Erillas (y que empezó hace seis años o puede que más…). Mi tío le ayudó muchísimo, hay mucho de él en esa casa, por una de cuyas ventanas le retraté asomado hace un par de veranos. Siempre iba así, en camiseta, con su gorra, y (ya en los últimos años) con una faja sujetándole “el riñonar”, como decía él. Era su uniforme de trabajo.

Aparte de todo eso, era filósofo y humanista. Tenía capacidad de convocatoria, y laphotos 123 suerte de poseer muchos amigos, de todas las características y niveles sociales. Por ejemplo, estaba Samuel, que era profesor del colegio de sus hij@s, al que mi tía anteponía respetuosamente el “don”, mientras mi tío le tuteaba con muchísima confianza; Antonio, galerista de arte en Madrid; Óscar, un simpático andaluz, pareja de Antonio, que murió hace años (los dos eran majísimos, y su presencia habitual en las Erillas me confirmaba la mentalidad abierta y poco cateta deDSCN2057 mi tío, porque entonces no era muy corriente tener amigos homosexuales, y menos en un pueblo); estaba también Vicente, que trabajó de ferroviario en Madrid, con su aspecto montaraz de cabrero o náufrago;  también solían pasar por allí Honorio el silencioso, y el vecino de la finca de al lado, Matías, que le dejaba su prado para que pastaran las ovejas… Muchos de ellos  acudían casi todas las tardes a pasar un rato en las Erillas al atardecer y compartir tertulia junto al cauce y la casilla.

Aunque tengo muchos recuerdos suyos en diferentes momentos y lugares, creo que laOLYMPUS DIGITAL CAMERA imagen que permanecerá siempre grabada en mi alma es la de él por las tardes cuando, a la caída del sol, ya terminadas las faenas habituales (recogido el ganado, regado el huerto, recolectadas las lechugas, tomates o verduras de temporada…), se remangaba hasta las rodillas los pantalones (que llevaba con una cuerda a modo de cinturón 🙂 ), y se metía de patitas en el cauce que atraviesa la finca, para quitarse el polvo y el sudor con un cubo de agua y jabón casero. Luego se secaba con una toalla y se sentaba un rato en el banco de piedra tras las matas de bambú con los tertulianos de turno. Ese gesto tan suyo se ha acabado convirtiendo casi en una tradición familiar, pues lo siguen haciendo sus nietas mayores y mis hijas, a las que les encanta lavarse el pelo en el cauce después de disfrutar de dos horas de piscina junto al huerto.

OLYMPUS DIGITAL CAMERAAño, tras año, generación tras generación, cada tarde acudían los asiduos de la finca, todos los mencionados más arriba, además de la familia propiamente dicha: tía Marga, su hermana Trini y  Pedro, su marido (que murió también hace unos años), mis prim@s y, con el tiempo, sus respectivas parejas e hij@s  (Susana y Ángel, María y Javi, Jorge y Fé, nuestr@s pequeñuel@s: Elvira, Elena, Paula, Pablo, Ángela, Natalia, Andrea, Dani, Irene…), y, por supuesto, mi padre, el abuelo-tío Gerardo. Así de animado solía estar aquello casiOLYMPUS DIGITAL CAMERA todas las tardes de verano, y aunque no tod@s íbamos siempre, lo habitual era que nos juntáramos allí un@s cuant@s…  Y más aún cuando éramos pequeños y todavía tenía vacas, pues iba mucha gente a comprar la leche recién ordeñada (¡qué rica, eso sí que era leche!) con sus pequeños cantaritos… El caso es que era la hora de la charla sosegada y el arreglo del mundo, cuando todos opinábamos sobre todo entre bromas, zanahorias y calabacines.

Mi último recuerdo, antes de verle en el hospital, es de finales del verano de 2012. Fuimos las niñas y yo a OLYMPUS DIGITAL CAMERAdespedirnos de ellos a las Erillas, porque volvíamos a casa a la mañana siguiente. Estaba muy agradecida, pues el tío me había conseguido un montón de maderitas para mis pirograbados. La leña procedía del montón que tenía él cortado en la finca, pero él mismo se encargó de llevarla a la serrería de un amigo suyo para que me la cortara en rodajas. Le dí las gracias y le prometí que le llevaría una con un bonito dibujo, y él se burló, muy a su estilo: “Ya, ya, siempre dices que vuelves, y luego pasa un año hasta que volvemos a vernos…”. Besó a las niñas, bromeó con ellas y su afán por llevarse un gato a casa, y lugo se presentó con unas bolsas, diciendo “Anda, mi niña, llévate unasOLYMPUS DIGITAL CAMERA lechuguillas y unos tomates”. Estuvimos seleccionando y guardando las piezas que mejor aguantarían el viaje, mientras los críos pululaban a nuestro alrededor, y recuerdo que me fijé en sus manos callosas y las vi más delgadas.

 La verdad es que le noté bastante alicaído ese verano, se quejaba de un dolorcillo continuo a la altura de los riñones, pero como siempre había tenido esa zona delicada debido a los esfuerzos labriegos, no le di demasiada importancia. Nada parecía presagiar que en pocos meses nos dejaría.

Y, sin embargo… algo en él me conmovió profundamente. O algo en mí supo lo que ocurriría de manera inconsciente. Al decirle adiós, sentí la necesidad de darle un abrazo. Y se lo di, un abrazo largo y cálido, ý él lo prolongó de manera natural y tierna, como si de veras nos estuviéramos despidiendo para siempre. “Cuídate mucho”, le dije, tirándole un beso entre los ciruelos, mientras me alejaba con las niñas hacia el camino que baja al pueblo. Esa fue la última vez que vi a mi tío tal como era. En su salsa.

Después vino un torbellino de pruebas, quimioterapias, dolores y hospitalizaciones que acabó con él literalmente. Todavía conservaba parte de su verdadera identidad cuando le visité casi dos meses después en el hospital, con mi padre y mi hermano, pues bromeó muy en su línea al ir a darle un beso y rozarle con el cristal de cuarzo que colgaba de mi cuello: “¡Muchacha, que me descalabras con ese pedrusco!”. Le conté que ese pedrusco, junto con much@s amig@s, estaban tratando de infundire energías curativas y amorosas para luchar contra el mal que le aquejaba, y lejos de mofarse o ignorar mis palabras, me dio las gracias y sonrió como solía hacer en las tardes doradas de las Erillas. Hablamos mucho de alternativas a la quimioterapia que tanto daño le había hecho (la primera sesión le dejó el hígado como unos zorros), y hasta mi tía se mostró interesada por cierto mejunje “milagroso” a base de aloe vera, miel y whisky que según testimonios en la red ha conseguido curar incluso tumores terminales. Sólo le puso la pega de que, como era diabético, no podría tolerar la miel… Parecían incluso dispuestos a probar sin ella… Pero no dio tiempo. Fue todo muy rápido… Demasiado.

Unos días antes de navidad mi tío tiraba la toalla. Esas fueron sus últimas palabras, según tía Margarita. Estaba agotado. También dijo que lo que más le apenaba había sido tener que vender los animales. Eran su vida: las ovejas, las gallinas y pavos, los conejos, los cerdos… Mi tia no quería, pero él insistió en que hicieran matanza. Fue como un último gesto protector para con su familia: dejarlos bien abastecidos de carne por si venían tiempos difíciles, esos tiempos difíciles de los que siempre hablaba en sus tertulias con sabiduría popular.

¡En fin! Esto ha sido sólo un pequeño esbozo de la maravillosa totalidad que fue mi tío Mariano, y no le hacen justicia. Pero he intentado ofreceros unas pocas pinceladas de las muchas que conforman el cuadro de su vida, mucho más amplia y rica que los escasos momentos que viví yo con él.

Luna esquivaSólo me queda por compartir una deliciosa anédota que me contó mi padre el día de su entierro, y que me hizo sonreir entre las muchas lágrimas derramadas ese día. Me dijo que estaba en casa de mis tíos la noche anterior, cuando uno de los nietos más pequeños, Daniel, de tres años, le cogió de la mano y le dijo: “Ven, ven conmigo, Tioge, que te voy a enseñar una cosa”. No os he contado que al tío Mariano mi hermano y yo le llamábamos “Tioma”, y mis primos a mi padre, su tío Gerardo, “Tioge”. Estos apelativos cariñosos los han adoptado las nuevas generaciones, por eso Dani le llamó así. Dani es monisimo, la viva imagen de nuestro bisabuelo, de quien ha heredado su nombre (lo mismo que mi hermano), un rubito de gesto inteligente y picarón. Pues bien, este duendecillo maravilloso agarró a mi padre de la mano y le llevó a la amplia terraza, donde mi tío construyó una barbacoa para las cenas de verano. Me encanta ese lugar, porque desde allí se divisan los tejados de los alrededores y parte de la sierra. Entonces el niño señaló al cielo y le dijo a mi padre: “¿Ves esa estrella, la más grande, la que brilla más que ninguna? Pues allí vive ahora mi abuelito”.

Tal vez ese pequeñín, en su inocencia, sepa que el alma que alentó el cuerpo de mi tío va en busca de nuevos horizontes, iluminados por las estrellas. Aunque parte de ella, seguramente, se ha quedado para siempre en esa tierra fértil de las Erillas que tanto amó en esta vida.  Y, sobre todo, en nuestros corazones. Que nuestro amor te acompañe siempre y guíe tu camino en busca de otros huertos donde echar raíces. Buen viaje, querido tío.

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

Anuncios

Acerca de rivendelian

Estudié Filología Hispánica, he sido recepcionista, administrativo, jardinera, educadora ambiental, ilustradora, pintora, escritora, auxiliar veterinaria, madre, maestra, psicóloga, enfermera, limpiadora, cocinera, panchadora, taxista, experta en autismo y mil cosas más... Pero nada de esto me define. Soy poco sociable, pero comunicativa; pachona, pero curiosa; rebelde, pero cariñosa. Mis raíces están en Gredos, pero me siento asturiana de adopción. Adoro a los animales, me encanta la astronomía y mi lugar favorito es un bosque viejo (preferiblemente de hayas o robles). Sonrío cuando camino entre guijarros, cuando escucho cantar a mis hijas, cuando meto los pies en una corriente fresca, cuando pinto, cuando me reencuentro con amigos lejanos, cuando sueño... Prefiero el té al café, no como carne, me encantan el piano y el arpa, pasear bajo la lluvia, el olor de las mandarinas y la hierbabuena, y meterme castañas asadas en los bolsillos en invierno. Me siento observadora del mundo, y en él busco cosas que los demás ni saben que existen. Soy una que anhela SER, más allá de todas las características que me "adornen" en esta experiencia de vida.
Esta entrada fue publicada en De andar por casa, Vivencias profundas. Guarda el enlace permanente.

14 respuestas a Mi tío

  1. yenila dijo:

    Qué niñez tan bonita. Enhorabuena por tanta felicidad… me has emocionado mucho con la historia de tu tío. Estará muy contento, porque he sentido perfectamente cómo era tu tío. Es difícil resumir la vida de una persona en pocas palabras. Gracias.

    • rivendelian dijo:

      Gracias, Yenila, porque has dado en el clavo: es en la felicidad compartida en lo que hay que centrarse, no en el dolor por la pérdida, y eso es precisamente lo que he tratado de transmitir en esta entrada.

      Los recuerdos bonitos, no sólo de la infancia, sino también de esta madurez que vivo ahora… Y no hablo sólo de mí, sino también de mis hijas, porque han podido disfrutar durante años del tesoro que supone tener familia en un pueblo. Mis niñas descubrieron de la mano de su tío-abuelo el milagro de la vida en el huerto, y supieron desde muy pequeñas de dónde salían los huevos, la leche, los melocotones más dulces y las lechugas más frescas. Nunca olvidaré los ratos que pasaba con ellas, lo simpático y juguetón que se mostraba con ellas, tan solícito y cariñoso, sin hacer distinción con sus propios nietos. Disfrutaba mucho con l@s niñ@s, y ell@s más todavía con él… Lástima que no podrá conocer a su nieto más pequeño, Sergio, que está a punto de nacer… pero ya nos encargaremos entre tod@s de hablarle de su maravilloso abuelo, que ahora vive en una estrella 🙂 🙂

      Un fuerte abrazo, Yenila, y feliz Tiempo Nuevo para tod@s

  2. Encarna dijo:

    Uuuuuuufffffff cuantos recuerdos!! Me ha encantado y emocionado, es precioso Laura.

    • rivendelian dijo:

      ¡Encarnita! ¡Qué alegría leerte por aquí! Me alegra que te haya gustado. Eras muy niña cuando le conociste, os llevamos al pueblo a ti y a tus hermanos y recuerdo que lo pasamos fenomenal. Estabais alucinados, porque nunca habíais visto vacas, ni gallinas, ni sabíais lo que era un huerto… Pero por allí andaban mi tío y mi abuelo Goro, haciendo de “guías turísticos” para los “señoritos de ciudad”, ja, ja, ja… 🙂

      Espero que algún día, no muy lejano, podamos repetir la experiencia con nuestr@s peques. Te mando un beso enorme y todo mi cariño, pequeñaja…

  3. chemfranqueses dijo:

    Tubo que ser un gran ser,una lastima el no haberlo conocido y una lastima que no haya muchos asi.
    Un Fuerte Abrazo……….
    Manolo………….

    • rivendelian dijo:

      Hola Manolín… Valoro mucho tus palabras, porque has estado involucrado de una manera muy personal durante la enfermedad de mi tío, y sé que intentaste hacer todo lo posible por canalizar hacia él tus energías sanadoras. Te agradezco de corazón todos tus esfuerzos, aunque fuera ya un poco tarde para revertir lo irreversible… Sé que te mueve una gran bondad y altruismo, y ahora que por fin has reconocido públicamente “tu don”, espero y deseo que logres llevar esperanza y salud a muchas personas.

      Mil gracias y un abrazote muy fuerte, hermano

  4. Rama dijo:

    Bello y conmovedor! Las fotos son muy tiernas y permiten ver de por si la clase de persona que era tu tío. Linda esa vida que ha llevado en su finca! y las visitas de sus sobrinas nietas!
    Besos

    • rivendelian dijo:

      Gracias, Rama. Sí es verdad que fue una vida linda, y la disfrutó muchísimo, que es lo importante. Nunca deseó vivir por encima de sus posibilidades, no tuvo afán de grandeza, ni soñó con tener un cochazo o una casa lujosa… ¡Creo que ni siquiera tuvo unas vacaciones en toda su vida! Pero valoraba lo que tenía y no necesitaba nada más, porque él sabía que la verdadera riqueza de una persona está en cuidar de la gente que quiere, la familia, los amigos, y hacer lo que le gusta, Seguramente se podría haber dedicado a actividades más lucrativas, pero él prefería la sencilla vida de la granja, disfrutaba con sus animales y su huerta, estaba feliz con su vida, y eso se lo transmitía a todos los que le rodeaban.

      Definitivamente, sí; fue una vida linda. No tod@s conseguimos tener ese nivel de satisfacción en las nuestras…

      Un fuerte abrazo, Rama, y gracias por pasarte, hacía tiempo que no sabía de tí… ¿todo bien?

  5. Maria dijo:

    La verdad que no tengo palabras…que te voy a decir yo de mi padre… Me he emocionado muchísimo al ver las fotos y evocar tus recuerdos que en parte son los míos… Sobretodo la complicidad que tenía con los niños y todo lo que les ha enseñado, a todos… Recuerdo que aunque tuviera que hacer mil cosas, como un niño le cogiera de la mano y le pidiera que le enseñara algún animal, el lo dejaba todo y se iba a enseñárselo… Y como bien dices, no hacia distinciones entre ninguno!Siempre tan solicito con ellos… Que pena que mis hijos no puedan disfrutar de esa inmensa generosidad que he visto crecer a medida que han ido creciendo mis sobrinas y tus hijas…
    Gracias por el homenaje, algún dia, cuando pase mas tiempo se lo enseñare a mi madre, que aun no esta preparada para verlo, creía que yo lo estaba pero…aun esta todo muy reciente…
    Un beso

    • rivendelian dijo:

      Hola, corazón: es lo menos que se merecía alguien tan especial. Sé que el dolor y la pena están todavía muy arraigados en lo más hondo, como es lógico, pero con el transcurso de los días, semanas, meses, todo se irá suavizando y sereis más capaces de adoptar una mirada más serena y positiva. Hay muchísimas cosas buenas, recuerdos bonitos, anécdotas simpáticas, que llenarán vuestros sentimientos y os ayudaran a sobrellevar una pérdida tan terrible con cierta paz de espíritu.

      Ahora lo que te toca, mi niña, es tratar de enfocar toda tu ilusión en el peque que está a puntito de venir a este mundo, y que nos traerá a tod@s muchas esperanzas de futuro y continuidad. En esta vida todo es yin y yang, y tú mejor que nadie lo estás viviendo en estas fechas, en las que una vida inmensa se nos ha ido, pero nos viene otra que será maravillosa. No nos queda otra que fluir con estos ritmos, naturalizarlos de alguna manera, pero siempre teniendo en cuenta el misterio y el milagro que suponen unos y otros.

      Te deseo lo mejor, querida primita, que todo salga muy bien, y que muy pronto estés admirando la carita de tu bebé y contándoles a él y a su hermana las batallitas de su fantástico abuelo, que, como dice Dani, “ahora vive en una estrella”. Seguro que desde allí nos hace guiños y nos saluda con la gorra, mientras siembra el huerto en el que nos juntaremos con él tod@s algún día… 🙂 Te quiero mucho, y estoy a tu lado. Besos para toda la familia.

  6. ariesBertha dijo:

    Me has hecho llorar a moco tendido, hija. En parte, porque mezclaba tus andanzas con las mías, las señoritingas y esos apelativos cariñosos de los nuestros. Mare mía, que tiempos ¡ No me sujetaron a la ciudad, salvo lo justito, estudiar y casarme con 20 años pasaditos (casi 21). Luego empecé a trotar por los pueblos en los que criar a mis hijos fuera del mundanal ruido. La verdad es que no nos arrepentimos, verdad RivenLaura??????

  7. rivendelian dijo:

    Yin y yang, Berthuchis de mi alma, yin y yang… Unas épocas de mundanal ruido, otras de serenidad rural… No resulta fácil anclarse de manera definitiva en ninguna de las dos caras de la moneda, aunque tú y yo siempre tenderemos al lado verde de ese vórtice que gira y se repliega sobre sí mismo. Sigo soñando con nuestra caravanserai “Los tréboles”, sobre todo para mis hijas, para tu nieta, para tant@s human@s que son la semilla de una nueva humanidad…

    Tú lo conseguiste, a tu manera… Tal vez algún día yo también me atreva…

    ¡Ah! Y siento mucho haberte hecho llorar… ¡Sobre todo después de reirme yo también a moco tendido con la foto-montaje que me acabas de mandar por correo! ¡Vaya cuadrilla de elementas! ¡La vieja guardia de Hijas de … María!

    ¡Así son las cosas: Yin y yang. Risa y llanto. Besos, corazón de melón.

  8. ariesBertha dijo:

    AH¡ pues tenía yo que decirte una cosita. Ando con lo de la caravanserai un poco enganchada. Cuando perfile-mos el asunto te meto de lleno. Todo se andará…….

  9. rivendelian dijo:

    ¡Cuenta conmigo, amiga! En cuantito yo me desenganche de otras cosas, me dejaré enganchar del todo por ese asunto. Lo estoy deseando… 🙂 TQM

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s