Buscando deseos

Pradera florida

“¿Qué haces, Elena?”, le pregunto a mi hadita pequeña mientras la veo meterse en la pradera, junto al parque, y casi desaparecer entre el verde. La primavera está siendo tan bondadosa con el campo este año… las hierbas han crecido tanto que sobrepasan su cintura, y cuando se agacha, la niña queda casi tapada por las espigas, las amapolas, las viboreras de intenso color morado y los humildes jaramagos amarillos.

Deseos“Estoy buscando deseos, mami”, responde ella. Y a mí me parece una frase preciosa, algo lleno de significado y digno de meditación, y me quedo mirando a mi hija, como tantas otras veces, como si me encontrara ante la presencia de un maestro budista, de un ser más sabio, antiguo y prodigioso de lo que parece. De hecho, puede que lo sea…

Tienen algo que recuerda al reino de las hadas… una magia etérea los envuelve de luz y misterio.  Son como los pompones de los zapatitos de Campanilla, la amiga de Peter Pan… Yo los llamaba “abuelitos” cuando era pequeña. En la infancia de mi madre, eran ”vilanos”… Se trata de  las bolas esponjosas y blancas, llenas de semillas, de los dientes de león, que ahora abundan por los campos cercanos. Ella los llama “deseos”, porque desde pequeñitas les enseñamos a las dos que, si se soplaban y les pedías un deseo con mucha intensidad (intensos tanto el soplido como la petición), se te concedía. Eso sí, no valía pedir cosas materiales, como que llovieran chuches del cielo… eso lo comprobaron bien pronto :)

Yo también estoy buscando deseos. A veces tengo que hacer verdaderos esfuerzos para encontrarlos, incluso para recordar los que ya tenía, pero que desaparecieron por el camino. Tanto bache acaba por hacer que se desparramen todos y se pierdan, arrastrados por brisas traviesas o malévolas. Es más… me duele reconocerlo, pero, en ocasiones, la enajenación que me provoca el estado en que me encuentro hace que no tenga siquiera deseos de tener deseos. O que mis deseos, más bien vagos anhelos, no tengan nada que ver ya con este mundo…

Pero, ¡oh sorpresa!, mirando a mi niña en la pradera cuajada de flores, de pronto mi brújula interna se recoloca y cojo un deseo de mi corazón al vuelo. Llega a mí comoDeseo una mariposa pequeña, con trayectoria un poco errática, pero lleno de viejos sabores y olores infantiles. Uno de los deseos primarios, de los más intensos de mi vida. Deseo-deseo… Vivir en el campo, en una casita sencilla a la par que coqueta, rodeada de árboles frutales y flores, con un pequeño estanque lleno de carpines dorados, unas colmenas, un huertecillo básico y un corral de gallinas, y con una hamaca extendida de tronco a tronco entre dos fuertes árboles de inmensa sombra.

Y verbalizo este mantra que me mandó por correo una bendita amiga: SI ASÍ LO DESEO, ASÍ SERÁ.

Mmmmm… Me tengo que esforzar. Deseo-deseo… Una ocupación creativa y artística, que me haga sentir satisfecha y orgullosa, que no me encadene a ningún mecanismo productivo, que no me esclavice, que me llene de felicidad y sentimiento de realización personal, que me proporcione simplemente lo que necesite para vivir, no un modo de hacer negocio.

SI ASÍ LO DESEO, ASÍ SERÁ.

Seres de luzDeseo-deseo… Ver crecer a mis hijas, verlas convertirse enCon luz propia personas maravillosas, únicas, felices, que las niñas que fueron no se avergüencen nunca de las adultas que serán, y estar a su lado muchísimos años, a su disposición cuando me necesiten. Deseo, especialmente, estar ahí para ver la metamorfosis de Elena, asegurarme de que sea una mujer lo más autosuficiente posible, que tenga amigos, que disfrute de la vida, que logre realizar alguna actividad satisfactoria relacionada con su gran talento musical, no sé, tal vez tocar en una orquesta, o cantar en un coro, o formar parte del psicoballet de Maite León (especializado en autismo). Pero, sobre todo, que las dos sean felices y estén muy sanas siempre, que no tengan que pasar por lo que está pasando su madre… Eso es lo que más me preocupa y lo que más deseo.

SI ASÍ LO DESEO, ASÍ SERÁ.

Misty saluda a la cámaraDeseo-deseo… Seguir compartiendo mi vida conPosando seres inocentes que son puro amor y bondad, que no piden a cambio de su cariño nada más que una caricia, un paseo… Seres angélicos y maravillosos que te miran y te traspasan con sus ojos limpios. Seres que te demuestran que es posible otra manera de pisar por la Tierra, que hay otras razas tan dignas o mucho más que la nuestra de llamarse “terrícolas” (aunque, en realidad, yo creo que ell@s son más del cielo que de aquí…). Deseo seguir sintonizando con ellos, con los que viven intensamente sin dejar apenas huella de su paso. (Bertha, un regalito para que incrementes tus conocimientos de ornitología…):

HerrerilloMirlo macho

                            Herrerillo                                                       Mirlo macho

Petirrojo en pleno cantoVerderón

            Petirrojo cantarín                                                            Verderón

Pollito de mirloAlcaudón común

                     Polluelo de mirlo                                            Alcaudón común

SI ASÍ LO DESEO, ASÍ SERÁ.

Deseo-deseo… el valor y la fuerza necesarios para superar las dificultades, la energíaLuz y metamorfosis suficiente para reemprender el vuelo tras la caída, la ilusión precisa para aferrarme a las nubes y no caer… La confianza imprescindible en mi cuerpo y en mi consciencia, que lo pueden todo. Como dijo Elton John en esa preciosa canción, somos “like a candle in the wind”, como una velita a expensas de las brisas y los vientos, una llama sacudida por soplos fríos que oscila, titila y parece estar siempre a punto de apagarse en cualquier momento… Pero su luz es más fuerte de lo que parece, se mantiene agarrada a la mecha y no hay quien pueda con ella. Y si no, acordáos de aquellas velas recalcitrantes de nuestras tartas de cumpleaños, que siempre habia alguna que, por más que soplaras, no había manera de apagarlas :)

SI ASI LO DESEO, ASI SERÁ.

Nadie puede dar ni un solo paso por nosotros. Pero es necesario transformar los deseos en intenciones, pues las intenciones condensadas en palabras encierran una magia más poderosa de lo que creemos.

“Ten paciencia, corazón, Ramilletes

que es mejor, a lo que veo,

deseo sin posesión

que posesión sin deseo”

(Ramón de Campoamor)

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Nuevo hilo, pues…

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Pista libre para los Amr

A instancias de un gran amigo-guerrero épico de corazón reforzado, abro camino en esta entrada para lo que quiera fluir furlymente. Me ha emocionado su regreso. En el fondo, tod@s estamos de vuelta, con energías renovadas, con un poco de miedo y respeto por lo desconocido, pero armados hasta los dientes con la confianza de sabernos, en el fondo de nuestra esencia, invulnerables, mágicos… poderosos. El pueblo Amr. Gente que vive por y para el Amor, aunque caigan chuzos de punta. Besos de corazón para él y para tod@s.

Galope de espuma

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Señales

A veces ocurren cosas a nuestro alrededor que nos sorprenden, que vienen como a confirmarnos algo y que definiríamos como casualidades, pero que no lo son en absoluto. Al menos yo no lo creo.

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Hace mucho tiempo que lo percibo así. Siempre he estado muy abierta a recibir esas señales, pero especialmente esto se hace evidente cuando se vive alguna experiencia que se sale de lo habitual, como la que estoy viviendo yo ahora mismo. Como muy bien explicaba Aquarius en uno de sus últimos comentarios de la entrada anterior, “estamos envueltos y vivimos de capas o esferas dimensionales y estamos constantemente comunicados aunque no lo creamos”. Creo que el mundo no es lo que la mayoría de la gente piensa, que existen otras realidades que están y no están aquí, y si nos mantenemos lo suficientemente atentos y abiertos de mente y corazón, podemos recibir multitud de mensajes que nos confirman ese entramado casi “mágico” de conexiones que nos rodean.

Una tarde-noche de ese larguísimo mes y pico  que he pasado en el hospital, acababa de despedirme de mi marido, que se fue a casa a ocuparse de las niñas. Mientras él se dirigía al aparcamiento, yo sentí la necesidad de mirar una foto de su padre que meP1100941 había regalado una de mis cuñadas, y que solía usar de marcapáginas para el libro que estaba leyendo. La imagen de mi suegro me devolvió una sonrisa simpática que me alegró el corazón. En ese preciso instante, mi marido llegaba junto al coche y, de pronto, le invadió el recuerdo de su padre y de un hermano (ambos caminan ya por “el otro lado” desde hace muchos años), y una especie de ”aviso” le impulsó a mirar al suelo. Allí, justo al lado de la puerta del coche, se encontró el corazoncito de piedra más perfecto que yo he visto en mi vida. Era pequeño, pero estaba en el sitio correcto y en el momento oportuno, esperando para que él lo encontrara. Un regalo. Una señal inequívoca de que, desde algún lugar, alguien le enviaba un guiño de complicidad.

Cuando me lo contó por teléfono, después de llegar a casa, y yo le confirmé que estaba mirando la foto de su padre a la vez que a él le sucedía aquello, estábamos los dos muy emocionados, porque teníamos claro que hubo una conexión con seres que ya no están en la fisicalidad en la que nos movemos nosotros, pero que siguen aquí, de alguna manera, haciéndonos saber que no estamos solos, y que vamos por buen camino. Fue como si los ancestros, de alguna manera, hubieran contactado con los dos al mismo tiempo, para comunicarnos algo desde otras realidades no menos reales.

No queda ahí la cosa. La semana pasada me encontraba en la sala de espera de Oncología del hospital. Fue una larga espera de dos horas y media, amenizada por el casi-monólogo de mi madre sobre la Terelu (que al parecer también ha pasado por un cáncer recientemente y yo no tenía ni idea porque no veo la tele, y es que no me entero de lo que pasa en el mundo, según me reprochaba mi madre en tono ligero) y los pañuelos de su época calva que había subastado o regalado en su programa, las pelucas de pelo natural y las sintéticas bla-bla-bla, así como un atento escaneo a los pacientes que esperaban igual que yo (es que una sala de espera es lo que tiene, no da mucho de sí…). De pronto, medio hipnotizada en medio de la cháchara, me quedé mirando fijamente un cuadro que tenía justo delante de mí, en la pared de enfrente. No era gran cosa, unos manchurrones de color insinuando una costa con rocas y matorrales difusos, con la línea azulada del mar al fondo… pero… ¿qué era eso que destacaba el primera línea, a mano izquierda? Allí, más definida que el resto, llenó mis ojos una planta que parecía indiscutiblemente… ¡un aloe vera! ¡Toma ya!

¡Un aloe vera pintado en la sala de espera de Oncología! Qué curioso, ¿no?

P1100945¿Casualidad? ¡Ni hablar! Yo no lo creo. Se me pusieron los pelos de punta, y se lo dije a mi madre (también, más que nada, para que dejara de hablarme de cosas de la tele un rato, je, je…). Ella ya conoce el remedio que circula por internet, el de Fray Romano Zago, y le expliqué que lo estaba tomando desde hacía unos días. Fue ella misma quién me regaló la maravillosa planta de aloe de mi patio hace un tiempo, ya añosa. Desde entonces ha tenido muchos hijuelos, y de la planta original he usado mucha hojas grandes para hacer remedios caseros para la piel. Pero todavía le quedaban algunas:  sus tres hojas más antiguas son las que han constituido la base del jarabe, junto con medio kilo de miel del alto Tajo que me regaló mi amiga Sagri (la mejor miel del mundo, para mi gusto y el de toda mi familia) y seis cucharadas de whisky vasodilatador. Quise empezar a tomar esta quimio natural antes de recibir la primera dosis de la oficial de laboratorio, y siento en mi interior que ha sido una buena decisión, que, de alguna manera, el aloe y el resto de la mezcla me protegen de los excesos de lo otro. Dulce brebaje… espero grandes cosas de nuestra colaboración… No, sinceramente, no creo que fuera casual ver ese aloe ahí pintado, justo delante de mis narices…

Ayer recibí mi primer ciclo de quimioterapia en el hospital. Fue una larga jornada, de nueve de la mañana a casi cinco de la tarde, pero (una vez más al lado de mi querida madre, que me cuida como si hubiera vuelto a la infancia) se me pasó volando y sin problema ninguno. Me sentía bien, pasando un mero trámite, leyendo, charlando… algunos dormitaban, incluso roncaban. Yo estaba consciente y relajada, enviando mensajes de control a mi cuerpo, a mis billones de inteligentes y preciosas celulas, diciéndoles que hicieran bien su trabajo, que confiaba en ellas, en el TODO que somos, que estaba segura de que canalizarían todo aquello que me metían por vena para que fluyera justo a dónde se necesitaba, y que no afectara al resto de mis órganos. Controlando. Me sentía como una directora de orquesta ante un grupo de músicos portentosos, cada uno interpretando su melodía, pero todos en perfecta armonía conjuntada. Y entonces, en una de las pequeñas pantallas de televisión que colgaban del techo del Hospital de Día… ¡zas! ¡una noticia con imágenes de un concierto! No me enteré de qué hablaban, porque el volumen lo tenían muy bajito… pero no pude evitar una sonrisa de oreja a oreja al recibir con los brazos abiertos esa otra señal.

P1100942Hoy me siento bien, sin ningún síntoma asociado a los efectos secundarios. No sé si en los días venideros notaré algo, pero me da la sensación de que todo va a ir fenomenal. Sigo con mi filosofía de vivir el momento y listo, no permito que invadan mi mente pensamientos anticipativos: mañana será otro día. Ese anclaje perpetuo en el presente me permite sintonizar con el universo, con realidades que no tienen dimensionalidad ni tiempo. Realidades en las que no existe la enfermedad, en las que se me recuerda que el camino sigue, y que tan sólo hay que ir quitando piedras. Ya voy quitando unas cuantas, y quitaré o saltaré las que haga falta para allanarlo.

Creo en mí, y en mi poder para superar esto. Creo que existe una inteligencia superior en cada una de mis partes capaz de sanar el todo que somos, este cuerpo, este vehículo increíble en el que ha encarnado mi alma. Lo principal es creer en su existencia. No podemos acceder a algo en lo que no creemos. Si lo hacemos, entonces podemos contemplar los sucesos, las señales, los guiños cómplices del universo, como un regalo o una puerta mágica que se nos abre.

Yo estoy sumamente agradecida por tener esa facultad, esa visión distinta de lo que nosP1100949 han enseñado. Sé que me está ayudando muchísimo.

Me despido con una frase muy reveladora:

“Si se quiere encontrar la verdad sobre la existencia, es necesario abrirse a la unidad de la conciencia, donde conocer y ser uno, donde el espectador y el espectáculo coinciden”                                                          (Doctora Consuelo Martín  “Discernimiento”)

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Presente continuo

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“Yo estoy luchando”: presente continuo de indicativo, 1ª persona del singular, 1ª conjugación.

Ahí estoy ahora mismo, y ahí es donde he de estar, porque es el único tiempo verbal y la única realidad que existe: el instante presente, el momento actual.

“Luchar” no es que sea mi verbo favorito, precisamente, pero hay monentos en la vida en los que toca dejar de  lado la pasividad y la aceptación. Tod@s estamos ahora mismo, en mayor o menor medida, en unos u otros ámbitos, en la tesitura de elegir. Tod@s estamos siendo atacad@s de una manera u otra, y debemos empezar a defendernos con uñas y dientes, o bien dejar que hagan con nosotr@s lo que quieran, que nos anulen por completo. La batalla se presenta dura, tanto en lo general como en lo personal, pero yo he decidido plantarle cara al monstruo que me amenaza.

Sé que much@s de vosotr@s ya estáis al tanto de lo que me ocurre, y aprovecho esta ocasión para agradeceros  vuestra preocupación y vuestros envíos constantes de extraordinarias energías sanadoras, que os aseguro me están inundando de arriba a abajo desde que empezó el combate. Os siento a tod@s muy cerca, sé que estoy rodeada de seres maravillosos que me cuidan de una manera u otra, seres cercanos físicamente o alejados en la distancia e incluso en recónditas dimensiones de la existencia… Seres que están… pero también seres que se fueron aparentemente y siguen estando, y me lo demuestran día a día con “casualidades” y sincronicidades llemas de magia y que algún día os contaré…

No quería que la cosa trascendiera demasiado, pensando en un principio que sería poca cosa y que en seguida todo volvería a la “normalidad”. Por eso no os avisé a much@s, que espero me perdonéis, por no preocuparos…

Pero hoy que tengo la oportunidad de contaros lo ocurrido y de compartir mi presente, pues voy a aprovechar, porque es posible que esté una larga temporada fuera del ciberespacio y me concentre en algo tan prioritario como aferrarme a la vida.

El cso es que llevaba una temporada que me sentía al límite, agotada física y emocionalmente, lo que me llevó a pasar un par de semanas con lo que yo interpreté como “un fuerte catarro aderezado con una dolorosa ciática” y con un debilitante sentimiento de “hasta aquí hemos llegado”. Pero ese cuadro de síntomas me llevó a ingresar en el hospital hace doce días con un diagnóstico serio de “TEP”, o tromboembolismo profundo, (con un trombo en una pierna y otro en un pulmón) que enmascaraba otro mal mucho más grave, origen de todo: unos tumores en los ovarios. Un pedazo de cáncer como la copa de un pino, vamos…

Desde entonces, como os podéis imaginar, mi vida ha dado un vuelco.

Pero me siento bien. Y me estoy descubriendo a mí misma, sorprendiéndome de mi misma, de la serena aceptación con la que he ido recibiendo y asumiendo las sucesivas “sorpresas”, del optimismo y de las ganas inmensas que tengo de plantarle cara al “alien”. Porque ese “alien” es la materialización de todos mis miedos, de todos mis males, de toda la negatividad que me he ido tragando año tras año durante mucho tiempo, y yo intuía que esto sucedería. De alguna manera, lo supe siempre: nuestras enfermedades tienen un origen emocional en un 99,9 %, por no decir en el 100% de las ocasiones. Al final, la negrura tenía que salir por algún sitio…

Pero creo que todo ocurre por alguna razón. He decidido que esto no es más que una segunda oportunidad de nacer, de rehacer, de recomponer mi vida, y me voy a agarrar a ella con uñas y dientes. Nadie dijo que vivir fuera a ser un camino de rosas, pero sí que valdria la pena vivirla. Todo tiene un sentido, aunque no nos lo parezca, aunque nos duela o indigne, y todo son lecciones de vida, para el que lo protagoniza y para muchos seres que giran a su alrededor. Lo importante es saber captarlo y aprovechar el regalo que se nos hace, aunque en un principio nos pueda y les pueda parecer más un castigo que otra cosa…

He aprovechado este ratito para conectar con tod@s vosotr@s, mis querid@s amig@s blogueros, mi querida familia álmica, porque me han dado un alta provisional para pasar el fin de semana en mi casita, con mi familia. Y estoy feliz, rodeada de mi pequeño universo que había echado tanto de menos en estos agotadores días de hospital. Hasta que me intervengan creo que estaré en casa el mayor tiempo posible, aunque tengo que volver a ingresar el domingo por la tarde, pues el lunes me hacen una pequeña intervencíon por cateterismo, en otro hospital fuera de mi ciudad, necesaria como medida preventiva de trombos cuando me operen. Estaré un par de días en observación y de nuevo volveré a casa. Unos días después, ire en el día al hospital a ver al anestesista, y probablemente el día 28 sea el “gran día”. Pero no os extrañéis si no doy señales a partir de ahora: quiero concentarme en recargarme de energía y estar a pleno rendimiento cuando llegue el momento. Eso sí, os leeré con placer, y recibiré con gratitud y alegría todos los envíos de energía amorosa y sanadora que queráis mandarme. Os lo ruego, porque seguro que me hará mucha falta, pero nada podrá igualar a vuestras transfusiones de cariño.

Ya me las están dando a raudales, estoy rodeada de amor por todas partes, lo respiro, me recubro con él como una segunda piel… Y con ese armamento espiralado a mi alrededor, no habrá bicho que se me resista.

Os quiero. Os siento. Os abrazo con toda mi alma. Gracias a tod@s por estar ahí.

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El botiquín del Montaraz, parte I

Aragorn11[1]En la trilogía de El Señor de los Anillos, la figura de Trancos el Montaraz (futuro rey Aragorn) siempre me sedujo especialmente. Y noooo, no lo digo porque Viggo Mortensen estuviera muy bueno -que lo está, para qué vamos a decir otra cosa :) -, sino por un detalle que apenas se deja entrever en las películas, pero que tiene gran protagonismo en las novelas: se trata de sus profundos conocimientos del poder curativo de ciertas plantas. De hecho, aunque en la versión cinematográfica no se haga mención, el pobre Faramir logra recuperarse de las graves heridas sufridas en la defensa de Osgiliath gracias a los cuidados a base de plantas que le administran él y Éowyn de Rohan.

Athelas, hoja de reyes“¿Conoces la Athelas, la Hoja de Reyes?”, le dice Trancos a Sam Gamyi cuando Frodo es atacado con una espada de Mordor en la Cima de los Vientos. Y el solícito jardinero hobbit se interna en el bosque para buscar ese posible antídoto contra el veneno que corre por las venas de su querido Señor Bolsón.

Bueeeno, pues siguiendo con mi propósito de descubrir alternativas naturales a los medicamentos de la “farmafia”, hoy vuelvo al ataque. Trataré con esta entrada de retomar el hilo sobre las plantas que curan. Pero, para que esta información sea más cómoda y fácil de utilizar, esta vez no haré monográficos sobre plantas en concreto, sino que iré directa a las dolencias, proporcionando un breve apunte sobre qué especies podemos utilizar en cada caso concreto. Intentaré ofreceros varias alternativas para cada problema de salud, y espero ayudaros así a conseguir tener en vuestras casas algo que podríamos llamar El Botiquín del Montaraz. Seguro que tod@s os sorprenderéis de los resultados que podemos obtener de esa casi mágica cooperación con la naturaleza y sus remedios. Pura alquimia de vida.

FIEBRE

Agua de manzanas: se trata de un remedio muy agradable y fácil de preparar, puesManzanas del pueblo sólo necesitamos una manzana grande cortada en trocitos, 10 gr. de hojas de melisa, el zumo de medio limón y un trocito de canela. Se mezclan los ingredientes en medio litro de agua hirviendo, se deja en infusión durante 10 minutos y se pasa todo por la batidora. Se puede beber a discrección durante todo el día. La manzana es uno de los alimentos con más propiedades benéficas para nuestra salud, y entre los aminoácidos que contiene destacan la lisina, que interviene en la producción de anticuerpos, y la serina, que facilita el funcionamiento del sistema inmunitario.

Cocimiento de sauce: su principal componente es la salicilina, precursora del ácido acetilsalicílico, que toma su nombre de esta planta y se considera el más apreciado analgésico, antiinflamatorio y antipirético. La corteza también es antirreumática, y se utiliza en casos de fiebres, catarros, gripes y estados infecciosos en general. La corteza que se desprende de las ramas se recolecta cuando el árbol ha alcanzado los tres años de edad. Lo utilizaremos de la siguiente manera: hervimos durante 10 minutos en 1 litro de agua 5 gramos de romero florido, 5 gr. de corteza de sauce y 5 gr. de raíces secas de angélica. Filtramos y tomamos dos tazas al día para espasmos y fiebre.

Infusión de manzanilla: aunque esta plantita debe su fama a su uso para trastornosmanzanilla[1] menstruales (de ahí su nombre en latín, matricaria, de “matriz”) y también a sus beneficios estomacales, en realidad se trata de una de las especies que más propiedades medicinales posee. Pocos saben que contiene, como el sauce, ácido salicílico, además de vitamina C y otros principios activos, por lo cual pude servirnos como ligero analgésico y antipirético.  También tiene la virtud de realzar las propiedades medicinales de otras plantas cuando se encuentra mezclada con ellas, por lo cual se puede tomar en infusión tal cual (10 minutos) o añadida a otras preparaciones.

La menta también contiene propiedades febrífugas, además de antisépticas y bactericidas. La equinácea también es un buen aliado contra la fiebre.

PROBLEMAS RESPIRATORIOS, TOS, ASMA.

En este tipo de afecciones, tendremos que elegir plantas que sean esencialmente antisépticas (tomillo, lavanda, romero, pino, salvia), balsámicas (eucalipto, pino,malvavisco abeto), expectorantes (pulmonaria, hisopo, gordolobo, tusílago) y que, en caso de tos, ejerzan una acción antiespasmódica (drosera, eucalipto, liquen blanco) y calmante (malva, malvavisco, llantén, pulmonaria).

Si el trastorno presenta fiebre, habrá que añadir plantas antitérmicas (las vistas arriba) y sudoríficas (borraja, malvavisco), mientras que si hay una componente alérgica (casos de asma o fiebre del heno) habrá que usar plantas con efecto antihistamínico (helicriso, manzanilla).

picar_cebolla5[1]Jarabe de cebolla: se trata de una preparación sorprendente con muy buenos resultados, que he podido constatar con mis propias hijas, y que me recomendó una cuñada enfermera a quien, a su vez, se la explicó un médico del centro de salud donde trabaja (lo que demuestra que, incluso dentro del gremio más colaborador con la industria farmacéutica, hay “disidentes” que optan por una vuelta a lo natural y recetan medicamentos sintéticos lo menos posible). La preparación es fácil: en medio litro de agua se pone a hervir durante media hora una cebolla partida por la mitad, los dientes pelados de una cabeza de ajos y un puñadito de pétalos de rosa (opcional). Se filtra y se le añaden tres cucharadas de miel. Se guarda en un tarrito de cristal en la nevera y dura dos o tres días. Administrar una cucharada sopera cada cinco o seis horas. Buenísimo para eliminar mucosidad (expectorante).

Infusión de las cuatro flores pectorales: mezclar 5 gramos de cada una de lasamapola siguientes plantas: flores de malva, de pie de gato, de tusílago y pétalos de amapola. De esta mezcla usar 1-2 cucharadas por taza de agua hirviendo. Tomar la tisana bien caliente, endulzada con miel y bien caliente. Es estupenda para catarros con tos pulmonar y bronquitis. La amapola, que es de la misma familia que la adormidera (de la cual se extrae el opio), tiene virtudes calmantes y emolientes (suavizantes), sin provocar daños colaterales. La malva es excelente para curar enfermedades inflamatorias, pues es emoliente y regenera los tejidos, aunque su componente esencial el mucílago, se estropea con el calor, por lo que es preferible macerarla en agua fría durante media hora, antes de añadirla a cualquier preparado.

Infusión de las siete especies pectorales: a las cuatro anteriores les podemosgordolobo añadir, simpre a partes iguales, flores de gordolobo y de violeta con un poco de raíz de malvavisco. Una o dos cucharadas por taza de agua hirviendo. Sirve para todas las afecciones respiratorias. El mucilago presente en el gordolobo suaviza los tejidos y les devuelve la salud. (También es antiespasmódico, lo que le hace especialmente útil en casos de asma, angustia, arritmias, cólicos y crisis nerviosas) La violeta tiene el poder de calmar la tos y la ronquera.

Infusiones para la sinusitis: preparar una tisana con partes iguales de manzanilla, eufrasia y pétalos de rosa. Tomar tres tazas al día endulzadas con miel de lavanda. Reservamos un poco de infusión para aplicarla templada sobre la frente y los senos nasales con una gasa o toallita, a modo de compresas locales. Otra alternativa es mezclar a partes iguales borraja, salvia, menta, tomillo y tila, una cuharada por taza de agua hirviendo, tres veces al día.

Tintura de propóleo y regaliz: el regaliz (paloluz, palodulce…) no puede faltar enRegaliz-palo[1] todo botiquín natural. Sus raíces se recolectan a partir de los tres años, entre octubre y mayo. Es expectorante, antiinflamatorio y cicatrizante. No es recomendable para personas hipertensas, porque puede empeorar la situación. Preparamos una infusión (una chucharada de raiz por taza de agua hirviendo) y se deja enfriar. Filtramos y añadimos 20-30 gotas de tintura de propóleo (en herbolarios). Se usa cuando hay dolor de garganta, anginas, laringitis y faringitis, haciendo gárgaras antes de su ingestión. 2-3 tomas al día.

PROBLEMAS DIGESTIVOS

Hay plantas medicinales que actúan sobre la mucosa intestinal, protegiéndola (como en el caso de plantas ricas en mucílagos, como la malva y la altea o malvavisco). desinflamándola, o compensando un eventual exceso de acidez. Otras plantas aumentan la producción de jugos gástricos sin causar irritación alguna, facilitando así el proceso digestivo, y algunas de ellas (como la col, la consuelda y la caléndula) ejercen un poderoso efecto cicatrizante en caso de úlceras.

Dependiendo del problema, se elegirá un tratamiento a base de las plantas más oportunas:

Plantas laxantes: lino, sen, agar-agar, cáscara sagrada, frangula… De todos modos, conviene tener en cuenta que las plantas laxantes a menudo irritan el intestino y están contraindicadas en muchísimas patologías, así que nos quedaremos con la idea de que es mejor prevenir con una dieta rica en fibra integral.

Plantas astringentes: roble, encina, nogal, consuelda, llantén, milenrama,milenrama04[1] agrimonia… Estas contienen dosis elevadas de tanino, con lo cual no es conveniente abusar de ellas, pues a la larga pueden impedir la absorción de ciertos minerales, como calcio y hierro, y de algunas vitaminas. Por eso no es recomendable seguir la cura durante más de un mes.

Plantas carminativas (facilitan la expulsión de gases): anís, hinojo, eneldo, coriandro…

Plantas digestivas (facilitan la digestión): menta, manzanilla, ajedrea, poleo… Una Hinojoreceta muy buena para después de las comidas es mezclar a partes iguales anís, menta, salvia e hinojo, y hacer una infusión con una cucharada rasa de la mezcla por cada taza de agua hirviendo. Así mismo funciona fenomenal la infusión de manzanilla, menta y salvia. También es muy bueno (y además antiparasitario) el siguiente Jarabe deajenjo flor[1] Ajenjo y Rosa: en un litro de vino blanco se maceran durante 9 días 2 puñados de flores de ajenjo, medio puñado de pétalos de rosa secos, 6 pizcas de canela en rama y 400 gr de miel. Filtrar y tomar una copichuela antes de las comida principales durante tres días consecutivos.

Plantas sedantes y calmantes (para el dolor de vientre): melisa, pasionaria,, manzanilla, poleo, mejorana… Una buena infusión para calmar los dolores es la siguiente: mezclamos un puñadito de hojas Melisade menta poleo, otro igual de cabezuelas de manzanilla, un poco de orégano, otro de mejorana, una pizca de anís o de comino y dos hojas de ruda. Añadimos una cucharadita de la mezcla por cada taza de agua hirviendo, y dejamos reposar cinco minutos. O se puede optar por este Licor Estomacal (que me encanta por el cariz casi de pócima mágica que tiene su preparación): en un litro de aguardiente maceramos 15 gr de salvia, 10 gr de raíz o frutos de angélica, y 5 gr de cada una de las siguientes plantas: tomillo, mejorana y comino. Colocar la botella al revés, bien tapada, y dejarla al aire libre durante 40 días, que le den bien el sol y la luna, agitándola suavemente todos los días. Retirar y dejar la botella 24 horas en un lugar fresco y oscuro. Filtrar el líquido y añadir 350 gr de azúcar moreno. Una copita siempre que se necesite, después de comer, hace milagros. Se puede tomar tal cual, o diluido en una taza de infusión de tomillo, y es buenísimo para el dolor de estómago. ¿A que apetece preparar una botellita? :) ¡Rico, rico, como diría Arguiñano!

Plantas aperitivas (para abrir el apetito): genciana, angélica, ajenjo, centaureagenciana, ruibarbo… Hay una receta muy útil en caso de anorexia, el Elixir de Ajenjo: hay que macerar durante 10 días en 700 gr de orujo 30 gr de flores de ajenjo, 20 gr de genciana, 20 gr de corteza de naranja amarga y 3 gr de polvo de aloe. Se filtra y se bebe una copita antes de las comidas.

Plantas protectoras de la mucosa gástrica: regaliz, melisa, milenrama, malva, condurango, rabo de gato… Hay dos preparaciones estupendas para la gastritis y las úlceras. Una de ellas consiste en mezclar a partes iguales condurango, milenrama,condurango regaliz, melisa y poleo, una cucharada por taza de agua hirviendo, para tomar la infusión después de las comidas. Otra receta nos dice que mexclemos 15 gr de rabo de gato, 20 de condurango, 15 de regaliz, 10 de menta, 10 de poleo, 10 de melisa y 15 de flores de azahar. Se hace la infusión con un puñado por taza, y se toma también después de las comidas.

Y bueno, hasta aquí esta primera entrega de plantas curativas según las afecciones concretas que queramos sanar. Quiero aclararos, eso sí, que existen muchísimas más recetas y combinaciones de plantas para tratar estas dolencias, pero sería imposible contaros todas, así que os he traído unos pocos ejemplos de preparaciones que podeis utilizar fácimente. A partir de ellos, si os apetece y sentís curiosidad, podéis vosotr@s investigar y ampliar el botiquín a vuestro gusto, que información hay de sobra, tanto en internet como en publicaciones tradicionales (o sea, libros encuadernados). Os recomiendo, como bibliografía básica para arrancar motores, al genial Maurice Messegué o a su seguidora Clara Castellotti.

Trataré de sacar lo antes posible otra entrada, continuando con el listado de trastornos habituales y su cura a base de plantas, aunque os pido paciencia, porque hay mucha información que estudiar y resumir. De todos modos, soy afortunada, porque sé que a mis lectores no os falta esa virtud, la de saber esperar… ¡Gracias por vuestra colaboración!

Os dejo, con el permiso de Varín, que lo compartió antes en su blog Conocimiento y Libre Albedrío, este magnífico video con uno de los grandes de la fitoterapia, Josep Pamiés. ¡Que lo disfrutéis y aprendáis mucho con él! ¡Es un pozo de sabiduría! (No me importaría pasar con él un fin de semana de conocimientos acelerados de plantas que curan, je, je…). Teneis que hacer click en el enlace:

http://www.youtube.com/watch?v=7QpBzHsyrKo&feature=player_embedded

Y otro más, de regalo:

http://www.youtube.com/watch?v=5xXFXQov2xI&feature=player_embedded

Un abrazo a tod@s, y espero que os vayais animando a crear vuestro propio botiquín natural. Va por nuestra salud.

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Mi tío

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Hay personas que dejan huella profunda, que siembran su vida con un amoroso fulgor, infundiendo brillantez a lo aparentemente mediocre, nobleza y valor al trabajo, el esfuerzo, la risa y el llanto. Personas que dejan hondos vacíos al dejarnos, y cuyo paso por este mundo merece un homenaje. Aunque sea pequeño y con pocas pretensiones….

Eso intento con esta entrada, cuyo título coincide intencionadamente con el de una vieja película del genial director-actor francés Jacques Tatí. Seguramente much@s conoceréis su banda sonora sin haber visto necesariamente la película:

https://www.youtube.com/watch?feature=player_detailpage&v=1Qqm9XgG8Tg

Es una melodía alegre y, a la vez, nostálgica, como los dos sentimientos que me recorren de arriba a abajo cada vez que pienso en él. En mi tío. La verdad es que esa música iba muy bien con su personalidad, ahora que lo pienso…

Mi tío Mariano era el hermano de mi padre. Su único hermano. Y, para mí, siempre fuePapá y el tío algo así como “mi padre del Papá y el tíopueblo”. Hombre de campo hasta la médula, sencillo, recio y trabajador, poseía, no obstante, una sabiduría excepcional, esa serena aceptación de las cosas (que nos falta a much@s) sin enfermizas resistencias, aderezada con un magnífico sentido del humor. Daba gusto estar a su lado. Era una persona que siempre transmitía una simpática calidez, una confianza campechana en que todo estaba bien tal y como estaba.

Familiar y amoroso, se hacía querer por chicos y grandes, y era el centro de atención cuando nosEn las Erillas juntábamos en el pueblo todos los veranos, tanto siendo pequeños mi hermano,  mis prim@s y yo,  como en tiempos más recientes, cuando acudíamos allí tod@s con nuestr@s hij@s, la nueva generación.

Si algo destacaba en su personalidad. era un tremendo sentido del humor, que ya despuntaba desde la infancia. Mi padre contaba una anécdota muy gráfica de cuando eran pequeños, que ilustra muy bien su manera de ser: Papá y el tío con el abuelo Goroeran dos chavalillos de unos ocho y diez años, y andaban de correrías por los prados de la dehesa donde vivían, antes de que sus abuelos decidieran instalarse en el pueblo (eran guardeses de una inmensa finca de unos familiares de Adolfo Suarez, y vivían en una enorme casona de piedra en medio del monte). Mi padre (el rubiales de las fotos)  y mi tío (el más pequeño)  bajaban corriendo hacia una fuente por una pronunciada pendiente, que papá enfiló con demasiada velocidad, de modo que resbaló y fue a aterrizar sobre una zarzaleda espesa. No se dio ni cuenta pero, al parecer, el pobre se desolló la rodilla al caer, y cuando se levantó, sacudiéndose el polvo de la ropa, apareció su hermano con una sonrisa en la boca. Movía una mano enseñándole un pequeño colgajo ensangrentado de piel, que llevaba sujeto entreLa familia de mi padre los dedos. Su frase lapidaria, que mi pobre padre nunca olvidó, fue: “¡Anda, qué suerte tienen algunos! ¡Esta noche cenan carne los alcaudones!”. ¡Menuda pieza! (Por lo visto mi pobre papaíto se pasó las dos horas siguientes corriendo por toda la finca para evitar que le echaran alcohol en la herida…).

También cuenta mi padre que fue él, mi tío, el que le echó el ojo a mi madre en el colegio, pero pensando en su hermano mayor, no en él mismo. Ella me dijo que, tiempo después, el tío le contó que pensó al verla: ”Mira qué muchachilla más maja para mi hermano”… Y eso que mi padre es menor que ella, pero como superaba en altura a todos los chavales de su edad, parecía mucho mayor.

Mi tío siempre fue así, una persona jovial y con mucho desparpajo, con la que compartí algunos de los más hermosos recuerdos de mi infancia en el pueblo. Le quería muchísimo, y jamás podré olvidarle. Se me encoge el corazón como una pasa mientras escribo todo esto…

Nunca olvidaré esos atardeceres dorados en Las De pequeños, en las ErillasErillas. Así se llama la hermosa finca que fuera de mis abuelos paternos, donde mi tío sembró, literal y metafóricamente, tantas semillas familiares y hortícolas. Con él aprendimos a regar, abriendo o cerrando el canalillo del cauce con golpes suaves de azadilla, dirigiendo la pequeña corriente hacia el bancal de los tomates o el de las Tío Mariano y Tía Margafresas, donde correspondiera… y a escardar, desbrozar, limpiar, recolectar… Humildes faenas de la tierra que nos regalaba sus frutos maravillosos. ¿Cómo explicar el placer de regresar a la ciudad con el maletero repleto de cajones con patatas, tomates, lechugas, zanahorias, calabacines, melocotones, manzanas o ciruelas? ¡Todo salía de su huerta! Bueno, casi todo…Recogiendo melocotones porque mis abuelos maternos también tenían un huertecillo, del que atesorábamos judías verdes, guisantes, peras, higos, y las rosas más embriagadoras que he olido jamás….

Mi tío tenía un tractor. Recuerdo lo orgulloso que estaba de él en su momento, pues fue de los primeros del pueblo en conseguir comprarse uno (la mayoría de la gente, cuando yo tenía diez-doce años, todavía utilizaba tracción animal para las faenas del campo, y los burros y mulas abundaban en las fincas). En su remolque íbamos felices dando tumbos por caminos rurales llenos de baches, a la vendimia en El Pinarón, o a recoger leña en La Umbría, y era toda En el remolque del tractoruna aventura salpicada de risas y exhabruptos, siempre seguidos por el maravilloso perro de turno: Turco, Laser, Linda, Druso, Chispa, Martin… En cada época uno diferente. Nos encantaban esos días especiales que pasábamos toda la familia en el campo, sobre todo cuando íbamos a vendimiar. El abuelo o el tío me dejaban una navajilla y me pasaba horas cortando En la vendimiaracimos, agachada entre los sarmientos, sintiendo en mi boca cada poco tiempo la dulce explosión de las uvas, pequeñitas y negras. Y al mediodía nos sentábamos en el suelo, o sobre algún canasto, a comer las “patatas secas” que hacían la tía Margarita y la abuela María, deliciosas en su misma sencillez: patatas cocidas, machacadas con un tenedor y aliñadas con torreznillos, pimentón y manteca, un pelín rancia, pero que nos sabía a gloria en aquellos días de septiembre tan lejanos.

En el remolque con el abueloOtro detalle curioso que recuerdo de mi tío es que, a veces, se dirigía a nosotros ( a mi hermano y a mí) como los “señoritingos finos de la ciudad”. Es una historia que se repite en muchas familias de origen humilde: el hermano mayor destaca en los estudios y el mecenas de turno convence a los padres y abuelos (que por aquel entonces tenian voz y voto sobre los destinos de sus descendientes, tanto o más que los propios padres) para no desaprovechar ese “diamante en bruto” y mandarlo a estudiar a la capital. Quisieron incluso meterlo en el seminario, pero mi bisabuela se opuso, y al final lo que hizo fue un curso de electrónica, que afianzó durante el servicio militar. Y así fue como mi padre inició su andadura fuera del pueblo, y mi tío Mariano se quedó allí para sacar adelante el patrimono familiar.

De pequeños íbamos muchos fines de semana, y los veranos los pasábamos allí casiDSCN2046 enteros, pues también teníamos a la familia de mi madre. Y para mí era una rara e inexplicable fuente de placer perderme en esos rincones rústicos. Siempre me sentí más a gusto en el pueblo que en la ciudad, de modo que bien pronto estuvo claro que la vena rural de ambas ramas de la familia corre por mis venas.

Me encantaba, por ejemplo, sentarme al lado de mi tío, en un pequeño taburete de madera hecho por el abuelo, a ver cómo ordeñaba las vacas: Mariposa, Remigia, Lucera…” Anda, Las zapatillas de faenainténtalo tú”, me retaba, entre los inefables efluvios de la paja y el aliento de las vacas, con una sonrisa ladeada en su rostro curtido, que no ocultaba cierto simpático “desdén” hacia la sobrina urbanita que lo miraba todo con los ojos como platos. Y yo lo intentaba, por supuesto… pero nunca fui capaz de extraer ni una gota de leche de aquellas protuberancias mamarias… ¡Me daba miedoCon la madre de Remigia hacerles daño y no quería apretar! El se burlaba y hacía chanzas a mi costa, pero siempre con una actitud cariñosa y simpática, y yo le seguía la corriente. Siempre tuvimos muy buen rollo, a pesar de nuestros pequeños piques, y se tomaba nuestras diferencias con muy buen humor.

DSCN1986Recuerdo, por ejemplo, antes de decidir que no volvería a comer carne, que ya tenía yo actitudes “tiquismiquis” hacia los productos de procedencia animal. Como es tradicional entre la gente del campo, mi tío y mi abuelo hacían matanza todos los años, y nos daban morcillas, chorizos, panceta, jamón y todas esas “delicatessen” que tanto admiran los carnívoros. Pero yo ya apuntaba maneras. No soportaba, por ejemplo, la veta blanca de grasa del jamón. Nos lo ofrecía la tía Marga, tan cariñosa, cada vez que íbamos a su casa, un buen plato de jamón que me río yo de los de Guijuelo… pero yo leEn la casilla del bisabuelo quitaba “lo blanco” porque me daba mucho asquito. Y mi tío, que se ponía malo al verme, bufaba como un gato y exclamaba, amagando un gorrazo hacia mi persona: “¡Ay, abanto, a quién se le ocurre quitar lo mejor del jamón!” (eso de “abanto” me hacía mucha gracia, porque nunca se lo he oído a nadie más, pero era su insulto favorito, y nos lo decía a tod@s, hij@s y sobrin@s…)

¡Qué risa! De repente me viene a la memoria, hablando de jamón, cuando siendo yo muy jovencilla (unos diecisiete o dieciocho años) llevamos al pueblo a un amigo marroquí llamado Halim, que había conocido por correspondencia a través de una iniciativa multicultural del colegio, un par de años atrás. Como era habitual, hicimos la “ronda” por todas las casas de la familia para presentarles a mi amigo: la de mis abuelos, la deOLYMPUS DIGITAL CAMERA mis otros abuelos, la de la tía Julia y, al final, acabamos en la de mi tío Mariano, que, como siempre, sacó la fuente del jamón, totalmente ajeno a las costumbres alimenticias de los practicantes del Islam.

El muchacho declinó amablemente su ofrecimiento, y mi tío se sintió un poco desairado. Le explicamos entonces que, por motivos religiosos, Halim no podía comer cerdo, y mi tío entonces sonrió de oreja a oreja, exclamando: “¡Pues vosotros os lo perdéis!”. Y cuando nos despedíamos, un par de días después, le soltó al chaval un juego de palabras que todavía hoy nos provoca una sonrisa al recordarlo: “Halim: jamás jamarás jamón”. Así era mi tío, siempre con el sentido de humor a flor de piel. Muchos años después, hablando con Halim, todavía se acordaba con simpatía del “jamás jamarás jamón” que le dedicó mi tío.

En la ventanaComo casi todos en los pueblos, era un hombre polifacético y sabía de todo. No era un simple campesino que trabajaba la tierra y criaba animales; era carpintero, albañil, mecánico, enmarcaba cuadros, y se dedicó durante muchos años al mantenimiento de la piscina municipal del pueblo. La casa familiar la construyó él solito, poco a poco, y ese afán lo heredó mi primo Jorge, su hijo mayor, ya en plan prefeccionista, manifestándolo en la preciosa casona de piedra natural y madera tallada que se está terminando de hacer en las Erillas (y que empezó hace seis años o puede que más…). Mi tío le ayudó muchísimo, hay mucho de él en esa casa, por una de cuyas ventanas le retraté asomado hace un par de veranos. Siempre iba así, en camiseta, con su gorra, y (ya en los últimos años) con una faja sujetándole “el riñonar”, como decía él. Era su uniforme de trabajo.

Aparte de todo eso, era filósofo y humanista. Tenía capacidad de convocatoria, y laphotos 123 suerte de poseer muchos amigos, de todas las características y niveles sociales. Por ejemplo, estaba Samuel, que era profesor del colegio de sus hij@s, al que mi tía anteponía respetuosamente el “don”, mientras mi tío le tuteaba con muchísima confianza; Antonio, galerista de arte en Madrid; Óscar, un simpático andaluz, pareja de Antonio, que murió hace años (los dos eran majísimos, y su presencia habitual en las Erillas me confirmaba la mentalidad abierta y poco cateta deDSCN2057 mi tío, porque entonces no era muy corriente tener amigos homosexuales, y menos en un pueblo); estaba también Vicente, que trabajó de ferroviario en Madrid, con su aspecto montaraz de cabrero o náufrago;  también solían pasar por allí Honorio el silencioso, y el vecino de la finca de al lado, Matías, que le dejaba su prado para que pastaran las ovejas… Muchos de ellos  acudían casi todas las tardes a pasar un rato en las Erillas al atardecer y compartir tertulia junto al cauce y la casilla.

Aunque tengo muchos recuerdos suyos en diferentes momentos y lugares, creo que laOLYMPUS DIGITAL CAMERA imagen que permanecerá siempre grabada en mi alma es la de él por las tardes cuando, a la caída del sol, ya terminadas las faenas habituales (recogido el ganado, regado el huerto, recolectadas las lechugas, tomates o verduras de temporada…), se remangaba hasta las rodillas los pantalones (que llevaba con una cuerda a modo de cinturón :) ), y se metía de patitas en el cauce que atraviesa la finca, para quitarse el polvo y el sudor con un cubo de agua y jabón casero. Luego se secaba con una toalla y se sentaba un rato en el banco de piedra tras las matas de bambú con los tertulianos de turno. Ese gesto tan suyo se ha acabado convirtiendo casi en una tradición familiar, pues lo siguen haciendo sus nietas mayores y mis hijas, a las que les encanta lavarse el pelo en el cauce después de disfrutar de dos horas de piscina junto al huerto.

OLYMPUS DIGITAL CAMERAAño, tras año, generación tras generación, cada tarde acudían los asiduos de la finca, todos los mencionados más arriba, además de la familia propiamente dicha: tía Marga, su hermana Trini y  Pedro, su marido (que murió también hace unos años), mis prim@s y, con el tiempo, sus respectivas parejas e hij@s  (Susana y Ángel, María y Javi, Jorge y Fé, nuestr@s pequeñuel@s: Elvira, Elena, Paula, Pablo, Ángela, Natalia, Andrea, Dani, Irene…), y, por supuesto, mi padre, el abuelo-tío Gerardo. Así de animado solía estar aquello casiOLYMPUS DIGITAL CAMERA todas las tardes de verano, y aunque no tod@s íbamos siempre, lo habitual era que nos juntáramos allí un@s cuant@s…  Y más aún cuando éramos pequeños y todavía tenía vacas, pues iba mucha gente a comprar la leche recién ordeñada (¡qué rica, eso sí que era leche!) con sus pequeños cantaritos… El caso es que era la hora de la charla sosegada y el arreglo del mundo, cuando todos opinábamos sobre todo entre bromas, zanahorias y calabacines.

Mi último recuerdo, antes de verle en el hospital, es de finales del verano de 2012. Fuimos las niñas y yo a OLYMPUS DIGITAL CAMERAdespedirnos de ellos a las Erillas, porque volvíamos a casa a la mañana siguiente. Estaba muy agradecida, pues el tío me había conseguido un montón de maderitas para mis pirograbados. La leña procedía del montón que tenía él cortado en la finca, pero él mismo se encargó de llevarla a la serrería de un amigo suyo para que me la cortara en rodajas. Le dí las gracias y le prometí que le llevaría una con un bonito dibujo, y él se burló, muy a su estilo: “Ya, ya, siempre dices que vuelves, y luego pasa un año hasta que volvemos a vernos…”. Besó a las niñas, bromeó con ellas y su afán por llevarse un gato a casa, y lugo se presentó con unas bolsas, diciendo “Anda, mi niña, llévate unasOLYMPUS DIGITAL CAMERA lechuguillas y unos tomates”. Estuvimos seleccionando y guardando las piezas que mejor aguantarían el viaje, mientras los críos pululaban a nuestro alrededor, y recuerdo que me fijé en sus manos callosas y las vi más delgadas.

 La verdad es que le noté bastante alicaído ese verano, se quejaba de un dolorcillo continuo a la altura de los riñones, pero como siempre había tenido esa zona delicada debido a los esfuerzos labriegos, no le di demasiada importancia. Nada parecía presagiar que en pocos meses nos dejaría.

Y, sin embargo… algo en él me conmovió profundamente. O algo en mí supo lo que ocurriría de manera inconsciente. Al decirle adiós, sentí la necesidad de darle un abrazo. Y se lo di, un abrazo largo y cálido, ý él lo prolongó de manera natural y tierna, como si de veras nos estuviéramos despidiendo para siempre. “Cuídate mucho”, le dije, tirándole un beso entre los ciruelos, mientras me alejaba con las niñas hacia el camino que baja al pueblo. Esa fue la última vez que vi a mi tío tal como era. En su salsa.

Después vino un torbellino de pruebas, quimioterapias, dolores y hospitalizaciones que acabó con él literalmente. Todavía conservaba parte de su verdadera identidad cuando le visité casi dos meses después en el hospital, con mi padre y mi hermano, pues bromeó muy en su línea al ir a darle un beso y rozarle con el cristal de cuarzo que colgaba de mi cuello: “¡Muchacha, que me descalabras con ese pedrusco!”. Le conté que ese pedrusco, junto con much@s amig@s, estaban tratando de infundire energías curativas y amorosas para luchar contra el mal que le aquejaba, y lejos de mofarse o ignorar mis palabras, me dio las gracias y sonrió como solía hacer en las tardes doradas de las Erillas. Hablamos mucho de alternativas a la quimioterapia que tanto daño le había hecho (la primera sesión le dejó el hígado como unos zorros), y hasta mi tía se mostró interesada por cierto mejunje “milagroso” a base de aloe vera, miel y whisky que según testimonios en la red ha conseguido curar incluso tumores terminales. Sólo le puso la pega de que, como era diabético, no podría tolerar la miel… Parecían incluso dispuestos a probar sin ella… Pero no dio tiempo. Fue todo muy rápido… Demasiado.

Unos días antes de navidad mi tío tiraba la toalla. Esas fueron sus últimas palabras, según tía Margarita. Estaba agotado. También dijo que lo que más le apenaba había sido tener que vender los animales. Eran su vida: las ovejas, las gallinas y pavos, los conejos, los cerdos… Mi tia no quería, pero él insistió en que hicieran matanza. Fue como un último gesto protector para con su familia: dejarlos bien abastecidos de carne por si venían tiempos difíciles, esos tiempos difíciles de los que siempre hablaba en sus tertulias con sabiduría popular.

¡En fin! Esto ha sido sólo un pequeño esbozo de la maravillosa totalidad que fue mi tío Mariano, y no le hacen justicia. Pero he intentado ofreceros unas pocas pinceladas de las muchas que conforman el cuadro de su vida, mucho más amplia y rica que los escasos momentos que viví yo con él.

Luna esquivaSólo me queda por compartir una deliciosa anédota que me contó mi padre el día de su entierro, y que me hizo sonreir entre las muchas lágrimas derramadas ese día. Me dijo que estaba en casa de mis tíos la noche anterior, cuando uno de los nietos más pequeños, Daniel, de tres años, le cogió de la mano y le dijo: “Ven, ven conmigo, Tioge, que te voy a enseñar una cosa”. No os he contado que al tío Mariano mi hermano y yo le llamábamos “Tioma”, y mis primos a mi padre, su tío Gerardo, “Tioge”. Estos apelativos cariñosos los han adoptado las nuevas generaciones, por eso Dani le llamó así. Dani es monisimo, la viva imagen de nuestro bisabuelo, de quien ha heredado su nombre (lo mismo que mi hermano), un rubito de gesto inteligente y picarón. Pues bien, este duendecillo maravilloso agarró a mi padre de la mano y le llevó a la amplia terraza, donde mi tío construyó una barbacoa para las cenas de verano. Me encanta ese lugar, porque desde allí se divisan los tejados de los alrededores y parte de la sierra. Entonces el niño señaló al cielo y le dijo a mi padre: “¿Ves esa estrella, la más grande, la que brilla más que ninguna? Pues allí vive ahora mi abuelito”.

Tal vez ese pequeñín, en su inocencia, sepa que el alma que alentó el cuerpo de mi tío va en busca de nuevos horizontes, iluminados por las estrellas. Aunque parte de ella, seguramente, se ha quedado para siempre en esa tierra fértil de las Erillas que tanto amó en esta vida.  Y, sobre todo, en nuestros corazones. Que nuestro amor te acompañe siempre y guíe tu camino en busca de otros huertos donde echar raíces. Buen viaje, querido tío.

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